la conversación

Entradas clasificadas como ‘arbitrarias’

Corre, Fredy, corre

Agosto 1, 2009 · Dejar un comentario

A LOS DIECISÉIS AÑO CRUZÓ ILEGALMENTE DE MÉXICO A ESTADOS UNIDOS. A DIFERENCIA DE MUCHOS MEXICANOS QUE PIERDEN LA VIDA O QUE TERMINAN PRESOS POR MOTIVOS RACISTAS, FREDY VIVIÓ PARA CONTARLO. Y PARA VOLVER A MÉXICO, DONDE AHORA ES GUÍA TURÍSTICO.

Estábamos solos en el camino de tierra seca. El resto del grupo había quedado atrás, pero aunque él era el guía, no se preocupaba. Yo trataba de seguirle el ritmo y de no tropezar, más atenta a lo que me contaba que a las irregularidades de ese sendero angosto entre Latuvi y San Miguel Amatlán, en la Sierra Norte de Oaxaca.

Fredy iba relajado, por momentos delante mío, por momentos detrás. La charla había empezado de casualidad. Yo quería hacer una nota sobre el proyecto de ecoturismo de los pueblos mancomunados de la Sierra Norte para venderle a alguna revista de viajes, y así empezamos a hablar. Le pregunté la edad (diecinueve) y qué hacía antes de ser guía. Me contestó que estuvo en Los Ángeles, y la verdad es que al principio no entendí. California, claro. Fredy me contó que se había ido de Latuvi a los dieciséis con Celia, una amiga. Su papá los llevó en camioneta hasta la ciudad de Oaxaca, a dos horas del pueblo, y allí tomaron un avión a Tijuana.

Hasta ese momento Fredy era solamente el guía, pero de pronto se transformó. Había cruzado la frontera burlándose de los migra. Pensé en el río Bravo y en todos los westerns. Y después pensé en Manu Chao: con el coyote no hay aduana. Fredy vivió dos años allá. Y trabajó apenas dos meses para devolverle a sus amigos mexicanos que vivían desde hacía tiempo en Los Ángeles los tres mil dólares que le prestaron para pagarle al coyote. Dos meses. No pude evitar hacer cuentas, comparar con los magros salarios periodísticos de Buenos Aires (¿cuántos meses tendría que trabajar en un matutino para pagar mi coyote?).

Como en el cine

No se lo dije, pero era lo más cerca que había estado de un héroe en mi vida. O más bien de un antihéroe, como los del cine moderno europeo o los protagonistas del cine indie americano. Pensé en los personajes de Fast Food Nation, la última película de Richard Linklater, y también en Andy, el hermano de Nancy Botwin en la serie Weeds, que se convierte en coyote para hacer plata fácil y ayudar a su amigo a cruzar a la mexicana de la que se enamoró. Pero después me acordé de Rosa y el paso de comedia se volvió trágico.

Una semana antes, en el DF, había llegado de casualidad al preestreno del documental Mi vida dentro, sobre una mexicana presa en Austin, Texas. La historia de Rosa es terrible. Rosa dejó su pueblito en el ’99, cuando tenía diecisiete, casi la misma edad que Fredy cuando se fue de Latuvi. Se instaló allá y trabajó como baby sitter hasta que pasó lo que pasó. Se casó, tuvo hijos, hizo su vida. Pero un día de 2003, mientras cuidaba a Brian, todo se vino abajo. No se sabe cómo, el nene -de tres o cuatro años-, se ahogó con pañuelitos kleenex. Sí. Se metió el papel mojado en la boca, se lo tragó y se ahogó.

El documental sigue todo el proceso judicial. Y aunque en el cuerpo de Brian no había signos de violencia, de haber sido obligado a tragarse los pañuelitos, para todo el mundo Rosa es culpable. Una fiscal de estado rubia y gélida como Hillary la acusa de homicidio (“Asesina de niños”), y el jurado la condena a noventa y nueve años en una prisión de máxima seguridad. El nivel de racismo que sobrevuela el juicio es tan obsceno que se vuelve caricaturesco. “Aunque es de México, ella es inteligente”, dice en un momento la fiscal. La sala del Reforma Lumière, a pocas cuadras de la Zona Rosa, estaba llena de mexicanos que se rieron a carcajadas. Pero esto no era una película, o no era sólo una película. Los médicos forenses aseguraban ante el juez que el cuerpo de Brian no presentaba ningún signo de maltrato, y después declaraban que para ellos Rosa era culpable.

Salimos del cine a la noche del DF. Rosa va a tener que esperar treinta años para que se pueda revisar su sentencia.

Welcome to Tijuana

Una semana después, en un camino de montaña, Fredy me cuenta cómo cruzó la frontera y no puedo evitar pensar en Rosa y también en esa frase famosa atribuída a Porfirio Díaz (“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”). Pero para Fredy no es una hazaña, me cuenta del cruce con el mismo énfasis con que habla del tour que le tocó la semana pasada. No le digo nada de Rosa. Lo sigo.

Fredy salió de Latuvi un sábado, y el lunes a la tarde ya estaba en la casa de sus amigos en Los Ángeles. “Tres días sólo tarde, y sin conocer al migra”, me dijo. El mismo sábado, cuando él y Celia llegaron a Tijuana, se encontraron con el coyote en un hotel, e intentaron cruzar por un túnel, pero no pudieron por la migración. “No nos detuvieron, sólo nos dijeron que nos regresáramos a nuestro país”. El domingo a la noche volvieron a intentarlo, y tampoco. Así que el lunes a las cuatro de la mañana empezaron a caminar por el cerro, en medio de unos pastizales que a Fredy le llegaban casi hasta la cintura. Él era el más chico del grupo, dieciséis en total. Me contó que caminaron durante tres horas, casi corriendo, al trote. Mientras él hablaba, yo me las arreglaba para seguirle el ritmo, y trataba de imaginar cómo sería correr durante tres horas por la montaña sin poder parar.

Fredy me contó que el coyote tenía un celular para hablar con otro que estaba en el cerro. Cuando no veía a los migra, el otro avisaba al coyote que podían avanzar, pero cada tanto daba el alerta y había que parar y agacharse o tirarse al piso. Si hablaban, debían hacerlo en voz muy baja. Se comunicaban más bien por señas. Horas y horas de trotar, y llegaron a la torre de electricidad que les habían señalado cuando salieron de Tijuana. Ya era mediodía. Al rato pasó un auto por la autopista, los levantó y los llevó hasta unas bodegas. Ahí los distribuyeron en autos y camionetas. Los llevaron a San Diego, a una casa. Cincuenta personas metidas en un cuartito. “Después nos sacan y ya nos reparten con nuestros familiares o amigos, o quien les vaya a pagar su dinero”.

Fredy trabajó durante dos meses sin parar para devolver la plata del coyote. Doce horas diarias de lunes a lunes. Fue obrero de la construcción, jardinero, chofer sin registro y hasta empleado municipal. Un americano contrataba mexicanos, decía que tenían papeles y listo, con eso ya podían limpiar la autopista y cobrar plata del ayuntamiento. Ganaba entre ochenta y ciento veinte dólares por día, según el trabajo que le tocara hacer. Recién cuando pagó su coyote se pudo comprar ropa. Hasta entonces, tenía dos mudas que le habían regalado sus amigos. “Porque yo llevaba dinero, pero mi dinero allá no valía”, me dijo después.

“Y así fue mi vida allá, hasta que volví porque mi abuelito estaba enfermo, quise venir a visitarlo, y también mi hermana cumplió quince años y le hicimos su fiesta”. Celia, su amiga, también volvió para visitar a sus padres, pero se fue otra vez, porque tiene a su marido y a sus hijos allá. Van y vienen, pagan el coyote y ya está, como si fuera un trámite. Es un trámite. Fredy me explicó que volver es mucho más fácil: “Te subes al avión y ya. Como te vas, no te preguntan nada. Ellos quieren que te vayas, que ya no vuelvas”.

En la Sierra Norte, que no es el desierto, el sol estaba cada vez más fuerte. Fredy caminaba con las manos en los bolsillos del jean, la gorrita para atrás, la mochila semivacía, y silbaba. No parece de diecinueve, pensaba yo mientras me agarraba de las ramas que tenía alrededor para no resbalarme en las pendientes bruscas. Lo miraba y pensaba en Rosa. Y en los personajes de Fast Food Nation, ilegales que trabajan en el frigorífico de una cadena de hamburguesas, donde la carne a veces se mezcla con la caca de las vacas, y donde cada tanto alguno pierde un brazo o una pierna en la trituradora. Lo miraba de otra forma y me parece que se dio cuenta, porque al rato me preguntó si tenía novio.

(Publicado en Lamujerdemivida n54, otoño 2009 )

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Una bomba llamada Truffaut

Junio 16, 2009 · Dejar un comentario

400coups

Hace cincuenta años nacía en la pantalla uno de los personajes más entrañables de la historia del cine: Antoine Doinel. El 4 de mayo de 1959 se estrenó en el Festival de Cannes Los 400 golpes, la ópera prima de François Truffaut. Ese año, la película se llevó el premio al mejor director, y marcó la consagración de la Nouvelle Vague, la nueva ola del cine francés. Apenas un año antes, cuando todavía era solamente un crítico de Cahiers du Cinema, el Festival de Cannes le había negado a Truffaut la acreditación como periodista por las polémicas opiniones expresadas desde la revista. Pero para mayo de 1959, algo había cambiado.

François Truffaut empezó a escribir en Cahiers du Cinema en 1953. Un año después, con la publicación del artículo Una cierta tendencia del cine francés, se transformó en una de sus figuras más polémicas. Truffaut cuestionó con dureza la tradición de qualité (de calidad) del cine francés de entonces, consagrado a las adaptaciones de los clásicos de la literatura. Para el joven crítico, se trataba de un cine academicista, hecho por guionistas que explotaban siempre los mismos temas y las mismas fórmulas. La contracara de ese modelo era un cine nuevo, cargado de vitalidad y signado por la visión personal del director.

Desde las páginas de la revista, el grupo integrado por François Truffaut, Jacques Rivette, Claude Chabrol, Eric Rohmer y Jean-Luc Godard impulsó la llamada “política de los autores”. Reivindicaban a directores como Howard Hawks o Alfred Hitchcock, hasta entonces menospreciados por cierta crítica que los consideraba artesanos al servicio de Hollywood. Los críticos de Cahiers du Cinema partían del concepto de caméra-stylo (cámara-pluma), acuñado en 1948 por el crítico y cineasta Alexandre Astruc. Un director era capaz de expresarse a través del cine de manera tan personal como un escritor con su pluma. El estilo de un autor se manifestaba a través de la mis-en-scéne (puesta en escena), era reconocible y progresaba de una obra a la siguente.

Cuando estos jóvenes críticos empezaron a filmar, cambiaron la historia del cine. Sus películas rompían con prácticas habituales en el cine francés de la época. Filmaban con presupuestos bajos, en escenarios naturales, y con actores no profesionales. Pero sobre todo, tomaban situaciones de la vida cotidiana, elegían sus temas con absoluta libertad, y hacían de la espontaneidad y la improvisación un valor. Los 400 golpes es una película semi autobiográfica, basada en experiencias del propio director. Truffaut retrató con ternura y respeto el doloroso fin de la infancia. Como señaló Jacques Rivette al presentar la película en Cahiers du Cinema, “al hablar de sí mismo, pareciera que habla también de nosotros”.

Para Los 400 golpes, Truffaut consideró varios títulos, como La fuga de Antoine, Los niños olvidados y Los vagabundos. La expresión francesa faire les quatre cent coups se puede traducir como “meterse en líos”. Y es exactamente lo que hace el incomprendido Antoine Doinel. Su madre y su padrastro no muestran demasiado interés en él, y en la casa las peleas son constantes. La situación en la escuela, con profesores autoritarios y una disciplina severa, no es mejor. Antoine se escapa de la escuela junto con su amigo René para vagar por las calles de París. Y una pequeña travesura lo lleva a otra mayor, hasta ser enviado por sus propios padres a un instituto de menores, luego de cometer un pequeño robo.

Los 400 golpes es, además, la película en la que debutó como actor Jean-Pierre Léaud, de sólo catorce años. Y es la primera del ciclo Antoine Doinel, que incluye el corto Antoine y Colette (1962), y los largometrajes Besos robados (1968), Domicilio conyugal (1970) y El amor en fuga (1979). A lo largo dos décadas, Jean-Pierre Léaud interpretó al alter ego del director. “Antoine Doinel es ese personaje imaginario que resulta ser la síntesis de dos personas reales, Jean-Pierre Léaud y yo”, afirmó alguna vez Truffaut.

La Nouvelle Vague marcó una profunda renovación en el cine. La importancia histórica de Los 400 golpes fue percibida incluso en ese momento. Luego del premio en Cannes, en la edición de junio del ’59 de Cahiers du Cinema, el crítico Jacques Doinol-Valcroze –uno de los fundadores de la revista junto con André Bazin y Joseph-Marie LoDuca- escribió: “Lanzada al comienzo del festival, la bomba Truffaut resonó hasta el final, y su eco se prolongará por un largo tiempo”. No se equivocaba.

(Publicado el sábado 13 de junio de 2009, revista Ñ)

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TRILOGIAS

Marzo 3, 2009 · 2 comentarios

trilogy

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Cuando el original es la copia

Enero 10, 2009 · 1 comentario

scarface_4

“…la villa de Walter Schiavone tiene que ver de verdad con Hollywood. En Casal di Principe se cuenta que el boss le había pedido a su arquitecto que le construyera una villa idéntica a la de aquel gángster cubano de Miami, Tony Montana, que aparecía en El precio del poder (Scarface). Había visto una y otra vez la película, que le había conmocionado hasta el punto de llegar a identificarse con el personaje interpretado por Al Pacino; y efectivamente, con algo de fantasía podía superponerse su horadado rostro al del actor. Toda la historia tiene tintes de leyenda. Según cuentan en el pueblo, el boss le entregó directamente el video de la película a su arquitecto(…) Me daba la impresión de ser una de aquellas historias que adornan la ascensión al poder de todo boss, un aura que se empapa de leyenda, de auténticos mitos metropolitanos…

(…)Una mañana, antes de que se dispusiera su futuro uso, me armé de valor y me dispuse a entrar (…) El atrio era idéntico al de Tony Montana. Estaba también la terraza con una entrada central que daba al despacho, el mismo donde termina El precio del poder entre una lluvia de proyectiles(…) Los capiteles dóricos, lo imponente de las estructuras del edificio, el doble tímpano, la bañera en la habitación y, sobre todo, la escalinata de la entrada, son un calco de la villa de El precio del poder.

(…)No es el cine el que escudriña el mundo criminal para captar los comportamientos más paradigmáticos. Sucede exactamente todo lo contrario”.

(Fragmentos de Gomorra. Un viaje al imperio económico y al sueño de poder de la mafia napolitana, de Roberto Saviano).

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Recomendaciones arbitrarias para el calor

Diciembre 24, 2008 · Dejar un comentario

libertino

Como todos los fines de año, Lamujerdemivida te cuenta sus amores y sus odios. Libros, películas, música, personajes, lugares y hasta la extraña categoría “cosas” que queremos compartir con todos nuestros lectores. Acá van las mías. Las de otros integrantes de la revista están en el número 53, que está en los kioskos, y también acá.

Libros

SÍ: Diario de un libertino, de Rubem Fonseca. Me encanta la mirada de Fonseca sobre las mujeres. Y si esa mirada atraviesa el policial y lo reinventa, mucho mejor.
NO: Chesil Beach. Se puede leer, sí, pero Ian McEwan ya no es lo que era.

Música

SÍ: Keren Ann. El último disco de esta cantante israelí que vivió en todas partes se llama como ella y es una joyita melancólica. Lo mejor: Lay your head down, tributo a la Velvet Underground.
NO: Las grandes bandas de antaño que se juntan de viejos para facturar.

Películas

SÍ: As tears go by (Calles peligrosas). La primera película de Wong Kar-Wai. De amor, pero también de gangsters. Excelente.
NO: Sex and the city, o cómo convertir una serie divertida en una película estúpidamente larga.

Lugares

SÍ: Salgado Alimentos. Ideal para comer exquisitas pastas en la vereda, a buen precio y en Villa Crespo.
NO: Mark’s. Los sandwiches serán riquísimos, pero siempre hay media hora de espera (mínimo) y la atención es pésima.

Cosas

SÍ: Yousendit. Mi vida cambió con este sitio. Nunca más entregar en mano un cd porque el archivo es muy pesado para mandar por mail.
NO: Los mails irrelevantes de Facebook que llenan mi casilla. Insoportable. Un “amigo” mueve un dedo y ya me llega un mail.

Personajes

lester

SÍ: Lester Freamon. Uno de los detectives de The Wire, la mejor serie policial. Después de un castigo de trece años por querer hacer las cosas bien (y no respetar la corrompida cadena de mando), Freamon vuelve al ruedo y muestra todo su potencial. Con el avance de las temporadas se vuelve más oscuro (y genial, como la serie).
NO: Tommy Carcetti, el consejal que quiere llegar a alcalde (otra vez The Wire, cómo olvidarla). El personaje está tan bien construido que en algún momento llegás a creerle las promesas de político idealista que quiere hacer las cosas bien.

(Publicado en Lamujerdemivida nro.53, verano 2009)

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Plan de evasión

Octubre 27, 2008 · 2 comentarios

                                       “Hago las películas que quiero hacer y por lo tanto durante un año consigo vivir en ese mundo irreal lleno de hermosas mujeres, hombres ingeniosos, situaciones dramáticas, decorados y realidades manipuladas. ¿Qué más se podría pedir? El cine me ha brindado un modo de evasión en la vida, pero al otro lado de la cámara en lugar de hacerlo del lado del espectador. Resulta irónico que haga películas con fines de evasión, pero no es el público quien se evade, sino yo“.

(Woody Allen, fragmento del libro Conversaciones con Woody Allen, de Eric Lax, citado por Carlos Boyero acá).

Lástima que las películas son cada vez peores.

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El hombre detrás de la película

Octubre 14, 2008 · Dejar un comentario

La aparición de una copia completa de Metrópolis -la película de Friz Lang- en Buenos Aires se convirtió en un acontecimiento de repercusión internacional. Durante décadas, se pensó que la versión original, tal cual la había imaginado y terminado Fritz Lang, se había perdido. Pero no era así. Un copia dormía en el Museo del Cine. El crítico e historiador Fernando Martín Peña fue el responsable de devolver la versión completa al mundo. Y en el último número de Lamujerdemivida, cuenta la historia del descubrimiento.

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Oído al pasar

Septiembre 14, 2008 · Dejar un comentario

En el Cinemark Palermo, sábado 22.30:

¿Pino Solanas tendrá tantos espectadores como votantes?

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La serie de Lino

Agosto 22, 2008 · Dejar un comentario

(Publicado en la revista El Hogar el 1 de junio de 1928 )

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Cosas de la cartelera

Agosto 21, 2008 · Dejar un comentario

Hace dos semanas, no había prácticamente nada para ver. En plenas vacaciones de invierno, la idea de ir al cine me resultaba casi pesadillesca. Por eso, durante un tiempo me refugié en la primera temporada de la excelente The Wire

Por suerte, el receso invernal terminó y los miles y miles de niños volvieron a sus pupitres. Pero como el equilibrio no es parte del reino de este mundo, ahora la cartelera explota, y no sé cómo voy a hacer para ver todas las que quiero ver en tan pocos días (porque,  de ciertas películas, más allá de su calidad, nunca se sabe hasta cuándo estarán en cartel).

¿Cómo se hace para ver en dos o tres días La mujer sin cabezaParanoid Park, La escafandra y la mariposa, La soledad y Lars y la chica real? ¿Cómo?

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