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El duro oficio del guionista

Noviembre 8, 2009 · 1 comentario

Lo llaman el “gurú” del guión, y es tan célebre que el guionista Charlie Kaufman lo convirtió en personaje. Robert McKee es ese tipo mala onda, interpretado por Brian Cox, que le grita a Nicolas Cage en la escena de la clase de guión en El ladrón de orquídeas. McKee estuvo en Buenos Aires con su seminario Story, con el que viaja por el mundo desde hace 25 años, y dialogó con Ñ sobre el lugar del guión en el cine. Detrás del concepto de autor cinematográfico, señala, hay un equívoco que ha derivado en un profundo desprecio por la escritura de guiones.

El tema es casi tan viejo como el cine, y ha sido objeto de innumerables polémicas. El lugar del guión es complejo: es el punto de partida de una película, pero no es en sí mismo una obra. En los años cincuenta, los redactores de la revista Cahiers du Cinéma impulsaron la llamada política de los autores. El realizador pasó a ser el verdadero autor, capaz de expresarse con un estilo propio y reconocible, como un escritor con su pluma. Pero esta noción, todavía hoy vigente, también dio lugar a una distorsión que condenó a los realizadores a escribir sus guiones para ser considerados autores.

“En la época de oro del cine europeo, del Neorrealismo italiano a la Nouvelle Vague francesa, la belleza de las películas se basaba en los guiones. Detrás de muchas obras neorrealistas hay un gran escritor que nadie conoce porque no dirigía: Cesare Zavattini”, señala McKee. Y observa que directores como François Truffaut o Ingmar Bergman eran, además, talentosos guionistas. “Ellos entendían que sin una buena idea, expresada de una forma bella en una historia, no importaba lo que pudieran hacer como directores, porque el estilo no es la sustancia. Pero los críticos creían que la personalidad del director y el modo en que filmaba y componía eran las marcas autorales, no veían el trabajo del director como la interpretación de una historia. Y el resultado fue el desprecio por los guiones”.

Esta interpretación de la teoría del autor derivó en la idea de que, para ser considerado un autor, el director tiene que escribir él mismo el guión. Pero ni Alfred Hitchcock ni John Ford escribían sus guiones, y nadie dudaría en considerarlos autores. En el cine argentino surgido en los noventa, esta confusión es frecuente. Hay directores que son también talentosos guionistas. McKee menciona a Lucrecia Martel y al fallecido Fabián Bielinsky. Pero hay otros que no, e igual escriben sus guiones con resultados dispares. Pablo Solarz y Patricio Vega son guionistas profesionales de esa generación. Los dos coinciden en que hay un cierto recelo por la autoría. “Un buen director de cine de autor participa del proceso del guión y dirige al guionista desde que empieza a trabajar. No necesita ser el autor del guión, es el autor de la película”, observa Solarz, guionista de Historias mínimas, ¿Quién dice que es fácil? y Un novio para mi mujer. “En el cine de autor se le tiene un poco de miedo al guionista, como si al sumar un guionista se resignara autoría, identidad o particularidad. Y es al revés. Un guionista puede ayudar a que un director se luzca aún más”, señala Vega, que dirige la escuela El laboratorio de guión y entre cuyos trabajos se cuentan Música en Espera, Los simuladores, Hermanos y Detectives y La señal.

Para McKee, escribir y dirigir son talentos distintos. “Cuando los directores intentan escribir, a veces surgen grandes problemas, porque dirigir es un arte interpretativo. El director de cine es como el director de orquesta, dirige la música compuesta por otro. Y los buenos directores de orquesta no siempre son buenos compositores. Muchos directores ni siquiera quieren escribir, pero lo hacen porque creen que si no, no serán considerados autores”.

Una de las consecuencias de este equívoco es la precariedad laboral de los guionistas. Fuera de la televisión, donde la producción seriada ofrece condiciones de trabajo más estables, la situación del guionista de cine en Argentina es bastante aleatoria. Puede ser el autor de un guión original, adaptar una obra, colaborar con otro guionista o con un director. Pero son pocos los guionistas de cine que escriben de manera regular. Aída Bortnik, guionista de La historia oficial, y Fernando Castets, coguionista de varias películas de Juan José Campanella, son dos de los más reconocidos. La escritura para cine suele ser una actividad episódica, desempeñada por guionistas de televisión o por escritores, como Marcelo Birmajer. “El espacio para la escritura profesional de guiones es restringido por el tiempo y por el presupuesto que se asigna, y eso se nota en los resultados”, observa Solarz.

Para mejorar estas condiciones, un grupo de guionistas creó hace dos meses el Círculo de Guionistas Cinematográficos. Es que la falta de reconocimiento se refleja incluso a nivel institucional. Un ejemplo: el espacio para guionistas en los comités del INCAA que seleccionan lo que se va a filmar está ocupado hoy por guionistas-directores de una asociación de directores, y no por representantes de la asociación que nuclea a los autores.

CLASICO Y MODERNO

Para pensar la cuestión del guión, hay que distinguir entre esos dos momentos que son el cine clásico y el cine moderno. El cine clásico comprende la producción de los estudios desde el inicio del sonoro hasta fines de los años cincuenta, y se caracteriza por un relato que sigue las reglas del teatro clásico, con una concepción de los personajes cercana a la de las novelas del siglo XIX. El cine moderno nace con El ciudadano, de Orson Welles, y el Neorrealismo italiano en la década del cuarenta, y continúa con la Nouvelle Vague. En el relato moderno, la concepción del personaje y de su relación con el mundo cambia.

Pero lo que puede enseñarse sobre la escritura de guiones proviene del cine clásico, que permite identificar algunas constantes. El guión de cine moderno es más complicado para la enseñanza. El historiador del cine Fernando Martín Peña observa: “El cine moderno no puede formar escuela. (Michelangelo) Antonioni no puede ser imitado. Antonioni puede explicarse a sí mismo, pero no puede decir ‘esto hay que hacerlo así’. Porque si otro trata de hacerlo y no tiene su sensibilidad poética, no funciona”.

Aunque la escritura de guiones es muy compleja, McKee observa que en las escuelas de cine no se le presta la debida atención: “Se habla mucho de dirigir, pero no se formula una pregunta fundamental: dirigir qué. En muchas escuelas se cree que hacer películas con la estructura clásica no es arte, porque eso es lo que hace Hollywood. A partir del cine moderno, se pensó el diseño clásico como equivalente a comercial, y si uno quiere ser reconocido como artista, tiene que recurrir a otros modos de narración. Pero no hay una contradicción necesaria entre el arte y el éxito comercial, como tampoco hay garantía de arte en las películas de arte y ensayo”. Vega coincide: “El llamado Nuevo Cine Argentino surgió a partir de las escuelas de cine, y se caracterizó por la ruptura de la historia. Se buscó algo distinto, sin progresión ni giros dramáticos, y está bien, es una opción. Pero eso llevó a que se desdeñara un poco el contar una historia, y una cinematografía tiene que tener distintas opciones”.

El guión no funciona de la misma manera en el cine clásico y en el cine moderno, y lo fundamental es entender cada guión dentro del registro y las pautas que establece. A menudo, el prejuicio ha llevado a identificar un tipo de relato con el arte y otro con el entretenimiento. McKee discute esa idea. “El diseño clásico es la forma en que las personas ven la vida. No es casual que todas las culturas, en todos los tiempos, narren sus historias así. La gente cree que sus mayores problemas tienen que ver con el mundo externo, y el diseño clásico se ocupa de esos conflictos. Los otros modos de narrar historias se ocupan de los conflictos internos del ser humano, y son reacciones, variaciones de esa gran forma. A medida que uno se aleja del diseño clásico, disminuye el público, pero no porque unas películas sean mejores o peores que otras. No tiene que ver con la calidad, sino con la forma en que la mente percibe la realidad”.

 El origen de una tradición: películas para escuchar por radio

“El sistema de estudios concebido por Hollywood implicaba el armado por partes, la estructura en cadena como en una fábrica. Y nuestra cinematografía, por más periférica que fuera, imitaba ese modelo. En la medida en que existieron los estudios y la producción seriada, había una idea de oficio”, señala el historiador del cine Fernando Martín Peña. Nuestro cine clásico tuvo varios guionistas destacados. Homero Manzi escribió muchas películas, y era uno de los pocos guionistas con una postura política clara. Ulyses Petit de Murat, Eduardo Borrás, César Tiempo, Ariel Cortazzo y la dupla formada por Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari fueron importantes. Peña observa: “Ariel Cortazzo y Eduardo Borrás escribían mucho. Hay cosas muy buenas y otras que no, según el director con el que trabajaran. Cuando trabajaba con (Carlos) Schlieper, Cortazzo en general era muy bueno. Con Borrás, un anarquista español exiliado del franquismo, pasaba algo parecido. Con (Daniel) Tinayre hacía cosas muy malas, pero con Hugo del Carril su literatura funcionaba de otra manera, porque tenía otra sensibilidad”. Una crítica frecuente a nuestro cine clásico es su carácter verborrágico. Para Peña, eso tiene que ver con el origen de los guionistas: “A diferencia de otras cinematografias, la Argentina no tenía una tradición pictórica muy importante. Los guionistas venían de la radio o del teatro, y había un exceso de verbalidad. La crítica que le hacía (el crítico uruguayo) Homero Alsina Thevenet al cine argentino es que se podía escuchar por la radio. Y era así por la falta de una tradicion visual. Los alemanes tenían el romanticismo, los americanos el western, eran zonas en las que se podían apoyar. Pero acá no se dio así, y no es necesariamente malo. La opereta tanguera, por ejemplo, no se hubiera podido producir en otro lado, y yo creo que termina siendo cinematográfica. Hay que apreciar el cine argentino con la conciencia de cuál es su origen. No surge de los mismos lugares que otros cines”.

De guionistas a directores: una continuación de la escritura

Con la llegada del cine sonoro, Hollywood empezó a necesitar escritores que se ocuparan de los diálogos y de construir argumentos más complejos que los del cine mudo. Enseguida hubo una invasión de escritores, atraídos por los buenos sueldos. Pero el oficio de guionista podía resultar muy frustrante para un escritor. Con frecuencia, un guión pasaba por muchas manos antes de que el productor considerara haber llegado a la versión definitiva. Además, los guionistas cumplían horarios, tenían que escribir una cierta cantidad de páginas por día, y debían pedir permiso para asistir a los rodajes de las películas que habían escrito. Es probable que todo eso influyera en el deseo de muchos guionistas de convertirse en directores. Son varios los que iniciaron sus carreras como escritores. Billy Wilder, por ejemplo, llegó como exiliado a Hollywood y aunque no sabía mucho inglés, se las arregló como pudo para vender sus libretos, hasta que empezó a escribir para el director Ernst Lubitsch, y luego a dirigir. Joseph L. Mankiewicz y John Huston también empezaron como escritores. Huston fue el guionista de películas como Jezebel, de William Wyler, o El sargento York, de Howard Hawks. Fuera de Hollywood y ya en nuestros días, también hay guionistas devenidos directores. El mexicano Guillermo Arriaga, por ejemplo, fue el guionista de Amores perros, 21 gramos y Babel, del director Alejandro González Iñárritu, y acaba de estrenar Camino a la redención, su primera película como realizador. En nuestro país, el reconocido guionista Pablo Solarz comenzó a filmar en octubre la comedia Juntos para siempre, su primera película como director. Robert McKee observa: “Si un guionista se convierte en director, como Oliver Stone o Lawrence Kasdan, en general lo que hace es muy bueno, porque la dirección es la continuación natural de la escritura de guiones. Como en la música: los directores de orquesta no siempre son buenos compositores, pero los compositores en general pueden dirigir orquestas.”.

(Publicado en la revista Ñ el sábado 7 de noviembre de 2009)

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LAMUJERDEMIVIDA EN EL CINE

Septiembre 28, 2009 · Dejar un comentario

TAPA-56La mano tapa los ojos y de a poco, va entreabriendo los dedos. No queremos ver y al mismo tiempo, queremos. Aparece el morbo. Lo desagradable puede ejercer un influjo extraño, seducción y repulsión en un mismo movimiento. Sin embargo, cuando el costado atractivo gana terreno, quedamos atrapados, expectantes, deseosos de más detalles: ya no podemos cerrar los ojos. El morbo es, ante todo, voyeurismo. Un violador, un asesino, no son morbosos sino perversos. El morbo reside en quienes auscultan eso que el asesino o el violador llevaron a cabo, los mismos que no pueden cambiar de canal cuando el noticiero habla de pedófilos, de torturadores, de proxenetas. El morboso nunca es protagonista, asiste a lo terrible mientras permanece inmóvil, a salvo, como el espectador de cine. Entonces ¿una película puede ser morbosa? ¿Depende de la intención del realizador? ¿De las motivaciones del público que no puede quitarle los ojos de encima?

La selección de películas realizada por malba.cine y el equipo de Lamujerdemivida alude al morbo en distintos niveles, empezando por los tópicos más recurrentes: la deformidad (Freaks, de Tod Browning; El hombre elefante, de David Lynch), la tortura (El castigo a las mujeres de la era Tokugawa, de Teruo Ishii), la escatología (Pink Flamingos, de John Waters), la mutilación (¿Quién puede matar a un niño?, de Ibáñez Serrador) o los sesos por el aire (Scanners, de David Cronenberg). Pero de un modo quizá más sutil, también la pobreza puede ser blanco para el morbo, la denuncia que al mismo tiempo se regodea con el espectáculo de la miseria, antecedente del tour a la Rocinha y el turismo piquetero. La promesa de escuchar en estéreo los ruidos de un estómago vacío. En el cine –y en general en todas las artes– el morbo aparece sublimado, permite múltiples enfoques. Todo depende de la mirada puesta sobre el objeto.

En Ante el dolor de los demás, Susan Sontag alude a un pasaje de Tres Guineas en el que Virginia Woolf observa junto a un abogado fotografías de la guerra para ver si, al mirarlas, ambos sienten lo mismo. Son instantáneas de cuerpos mutilados, esqueletos de casas, niños muertos. Sontag plantea que no debería suponerse un “nosotros” cuando el tema es la mirada al dolor de los demás ya que las imágenes de una atrocidad pueden producir reacciones opuestas. Lo que es intolerable para algunos, puede resultar morboso para otros. La difusión de las fotos de la prisión de Abu Ghraib, por ejemplo, denunciaron las torturas a manos de las tropas norteamericanas en Iraq pero también circularon con la clásica profusión amarillista: capuchas, perros y sangre inundaron los monitores hogareños, la lupa cerca de los cuerpos hasta que pixelaran.

Sontag cita el film J´accuse del francés Abel Gance –que en 1938 mostró en primer plano a los ex combatientes desfigurados por la guerra– cuyo protagonista grita “¡Colmad vuestros ojos de este horror! ¡Es lo único que puede deteneros!”. Es una posibilidad. Mostrar las atrocidades para aprender, para escarmentar, para no repetir. Pero ante el mismo estímulo, se puede responder con éxtasis o con espanto. También el paso del tiempo ha ido modificando la mirada social sobre ciertas temáticas y por ejemplo el sexo (si no hay violencia, si no hay abuso) ya no parece ser carne para el morbo. Pero lo distinto, lo “desviado”, lo que atenta contra el ideal de la esencia humana, sigue ejerciendo la atracción de quien intenta reducir lo otro a lo mismo y se encuentra con su propio reflejo deformado. Como dice Roland Barthes, cuando el otro se vuelve irreductible –no por un súbito escrúpulo sino porque se opone al “sentido común”– siempre queda el recurso del exotismo: el otro deviene objeto puro, espectáculo, relegado al umbral de lo humano no atenta contra la seguridad del mundo propio. Cuando un secuestrador y violador pasa a ser el “monstruo de Austria”, lo monstruoso lo coloca en otra condición. Sin embargo lo siniestro aguarda en lo conocido, en el costado tan invariablemente humano del “monstruo”, en lo familiar de ese otro que no resulta tan abismalmente distinto.

En el cine, los límites entre lo que puede o no ser considerado morboso son aún más difusos. Si el morbo se define como “atracción hacia acontecimientos desagradables”, la pantalla grande ha tenido una larga tradición de censuras que intentaron regular los fotogramas según el gusto de unos pocos (que, entre otras cosas, durante años incluyeron a los besos en su categoría de desagrado). En definitiva, se puede huir de la sala de cine o aferrarse a la butaca ante la misma imagen perturbadora pero el morbo, como el deseo, no es volitivo: acecha, aparece, convulsiona. En ese segundo en el que la mueca de asco se convierte en otro gesto, estamos nosotros mismos, detrás del espejo.

Eugenia Zicavo – Lamujerdemivida

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MORBO EN MALBA

Septiembre 28, 2009 · Dejar un comentario

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La TV alternativa está en la red

Agosto 13, 2009 · Dejar un comentario

strike_tv_huelgafinalTodo comenzó con la huelga de los guionistas en Hollywood. Los muchachos decidieron organizarse y sacar sus propias obras por internet. Lo que empezó como una forma de protesta, es hoy un medio creativo en crecimiento. El antecedente de United Artists.

Hace tiempo que se repite que la mejor ficción americana se mudó de las salas a las pantallas de televisión. Y puede ser, las series vienen cada vez mejores. Tal vez eso tenga algo que ver con que, entre noviembre de 2007 y febrero de 2008, las mentes creativas detrás de las mejores historias hayan dicho basta. Durante cien días, los guionistas de Hollywood agremiados en el Writers Guild of America WGA, el sindicato de escritores de (Estados Unidos de) Américahicieron una huelga que paralizó la industria, generó pérdidas billonarias y desilusionó a los fans de varias series, suspendidas por falta de escribas. Un conflicto gremial, sí, que puso en evidencia el complejo momento que atraviesa Hollywood a raíz de las (no tan) nuevas tecnologías .

En 2007, las habituales conversaciones por la renegociación de los contratos se trabaron. El WGA reclamaba aumentar el porcentaje de ganancias que percibe el guionista por las ventas en DVD. El tema era delicado. En 1988, el WGA había sostenido una huelga durante más de ciento cincuenta días por los porcentajes de las ventas de home video, pero las compañías argumentaron que el mercado no estaba lo suficientemente probado, y lograron imponer a los guionistas beneficios de apenas un 0.3%. Al poco tiempo, los costos de producción de los videos bajaron, el mercado explotó, y los guionistas vieron cómo habían quedado fuera del negocio. Con el DVD, el porcentaje se mantuvo, a pesar de que la venta de DVD representa la mayor fuente de ingresos de los estudios.

Pero en 2007, el eje del conflicto no fueron los DVD, sino los nuevos medios. El WGA pidió compensaciones por las ganancias de las ventas online. En internet hay dos modelos para comercializar contenidos: la descarga paga, y el streaming, que permite ver contenido gratis que incluye publicidad, pero no almacenarlo. Para la mayoría de los analistas de la industria, el mercado de DVD se volverá obsoleto a medida que la tecnología permita ver en la televisión contenido distribuido por internet. De ahí la importancia de las compensaciones por las ventas online. Como en los ochenta, los estudios argumentaron que se trata de un mercado nuevo e inexplorado, y pidieron más tiempo. Pero los guionistas, que habían aprendido de su amarga experiencia con el video, se mantuvieron firmes y consiguieron establecer una escala de pagos por las ventas online.

PIQUETE EN DISNEY

Peter Hyoguchi es uno de los doce mil guionistas que participaron de la huelga. En esos días, Hyoguchi filmó un video corto para UnitedHollywood el blog creado por algunos líderes de la huelga y quedó impresionado por la rapidez con la que el video se difundió en la web. Un día, mientras participaba de un piquete frente a la Disney, tuvo una idea. Si estaban peleando por los beneficios de las ventas en internet, ¿por qué no intervenir ellos mismos en el negocio de la distribución online? Filmar en alta definición ya era bastante barato, y el software de edición, más que accesible. Hyoguchi y otros abrieron la convocatoria. Destinarían los ingresos por publicidad que generara el nuevo sitio a un fondo solidario, dedicado a ayudar a los afectados por la huelga. La respuesta fue alentadora: recibieron material incluso después de terminado el conflicto. Y así nació el sitio Strike.tv (“Huelga.tv”).

Para los guionistas, el canal online es una forma de concretar proyectos que no encuentran lugar en las cadenas de televisión. Además, el sitio es una carta de presentación, un lugar donde mostrar sus trabajos. Para el público, es una oportunidad de ver propuestas raras, que no entran en la programación televisiva y valen la pena. A veces pasa que algunas propuestas encuentran su audiencia en la Web y logran dar el salto a la TV tradicional. Pero pegar el gran salto es sólo un objetivo lateral. En una entrevista con la National Public Radio, los responsables del sitio explicaron que Strike.tv es una forma de trabajar en cooperativa para crear un nuevo modelo de negocio: una red de distribución de contenidos que permita cierta independencia respecto de los estudios.

Strike.tv ofrece programas originales creados por profesionales agremiados en los sindicatos de Hollywood. Hay para todos los gustos: comedia, melodrama, suspenso, ciencia ficción, animación, talk shows y otros. En total, unas cien webseries y más de setecientos episodios individuales. Una de las series más interesantes es Unknown sender (Remitente desconocido). Son seis episodios de suspenso de entre cinco y diez minutos, con un sólo punto en común: narran historias captadas involuntariamente por cámaras de seguridad o camarógrafos amateurs, y subidas a la web por un “remitente desconocido” al que nunca vemos. Una idea simple y atractiva, creada por el guionista de Duro de matar y Tomb Raider, Steven E. de Souza, y un equipo de primera línea que incluye al director de fotografía de Lost, Edgard Pei y al ex James Bond Timothy Dalton. En Unknown sender, tanto el formato como las historias dan cuenta de una narrativa atravesada por las nuevas tecnologías. Un buen ejemplo de lo que pasa cuando las buenas ideas se desarrollan sin la intervención de los estudios, y en función de una plataforma específica.

NO TAN DISTINTOS

Pero no es la primera vez que varios artistas de Hollywood se juntan para crear una compañía y trabajar con mayor libertad.

Según cuenta Tino Balio en el libro United Artists, a principios de 1919 corrían rumores sobre inminentes fusiones de compañías y ajustes de las condiciones de la industria. El público había empezado a reconocer a ciertos actores, e iba al cine para verlos. Pero los grandes productores querían desactivar ese start system, que obligaba a las compañías a competir por las principales figuras y pagarles salarios altísimos. Richard Rowland, presidente de la Metro, repetía que el cine debía dejar de ser un juego dominado por actores locos para convertirse en un negocio.

Charles Chaplin, Mary Pickford y Douglas Fairbanks andaban muy preocupados, porque vencían sus contratos y no habían recibido aún las habituales ofertas de las grandes compañías. Algo pasaba, y decidieron averiguarlo al mejor estilo Hollywood: contrataron un detective. Una chica joven y bella salió a conquistar a un alto ejecutivo. Después de varias citas, pasó su informe: se venía una fusión de las principales compañías. Con esos cambios pensaban tener un mayor control creativo sobre los films, y poner fin a los salarios astronómicos de algunas figuras. Los artistas reaccionaron. Hubo una reunión en la que, según testigos, Fairbanks habría dicho: “Vamos a hacer lo que queremos hacer hace años: filmar las películas que queremos e invertir las ganancias de la distribución en nuevas películas, que es a donde pertenecen”.

Y así fue. David Griffith, Douglas Fairbanks, Charles Chaplin y Mary Pickfordcuatro nombres fundamentales del cine mudo fundaron United Artists, una distribuidora para los productores independientes. En el comunicado que enviaron a la prensa, los nuevos socios señalaban: “Creemos que este paso es positivo y absolutamente necesario para proteger al gran público de las amenazadoras fusiones y fondos que lo obligan a ver producciones mediocres y entretenimiento creado en serie”. No se equivocaban.

La industria recibió la noticia con cinismo. Rowland, de la Metro, acuñó una frase que pasaría a la historia: “Así que los lunáticos tomaron el control del asilo”. Pero aunque no fue fácil, la realidad demostró cuán injusta y equivocada era esa lectura. En sus noventa años de historia, la compañía sufrió innumerables altibajos y cambió de manos varias veces, pero dejó en su haber grandes películas como Luces de la Ciudad (Charles Chaplin), El apartamento (Billy Wilder) La patrulla infernal (Stanley Kubrick), Manhattan (Woody Allen) o Toro Salvaje (Martin Scorsese). Y creó la saga más rentable de todos los tiempos: James Bond.

Hoy Hollywood ya no es el de antes. Las películas y las series son parte del complejo negocio del entretenimiento, dominado por megacorporaciones. El asilo se parece más bien a una fábrica, y tomar el control no es siquiera una posibilidad remota. Pero después de cien días de huelga, parece que los guionistas de Strike.tv algo aprendieron de sus mayores.

(Publicado en Lamujerdemivida n55, invierno 2009)

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LAS MINORIAS ESTAN DE MODA

Julio 17, 2009 · Dejar un comentario

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NUEVO NUMERO

Julio 13, 2009 · Dejar un comentario

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NO TE INDIGNES

Abril 24, 2009 · 3 comentarios

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YA SALIÓ

Abril 15, 2009 · Dejar un comentario

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HOY

Diciembre 17, 2008 · Dejar un comentario

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Ya sale

Diciembre 9, 2008 · Dejar un comentario

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El último número del año de la revista Lamujerdemivida va a estar muy pronto en los kioskos. El tema: ex. Y el 17 de diciembre a las 20 hs. despedimos el año en Casa Brandon. Todos invitados.

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