Nuevo mundo

Vi Nuevo mundo, de Emanuele Crialese, en el Arteplex Centro. Tenía bastantes expectativas, porque Respiro, la película anterior de Crialese estrenada en Buenos Aires, me había gustado mucho. Además, el tema de la inmigración de principios de siglo me gusta mucho.

Salí del cine con sensaciones contradictorias. En primer lugar, como sucede con muchas películas que se estrenan en el Arteplex, la proyección era en DVD. No soy una preciosista obsesionada con ciertos formatos de proyección: puedo ver películas en DVD ampliado y disfrutarlas si la película es buena. De elegir, claro que prefiero el 35 mm, pero creo que es mejor ver cierto cine en DVD a no verlo del todo. Sin embargo, lo de Nuevo mundo me puso de tan mal humor que opacó otras impresiones sobre la película. No sé si era un problema de la copia en DVD -no creo-, del reproductor, el proyector o la pantalla, pero algo funcionaba mal. Tan mal que la fotografía de Agnes Godard no sólo no se apreciaba, sino que por momentos prácticamente no se veía. Seguramente, lo que parecían sombras empastadas en 35 sean bellas imágenes con muchos matices. Pero hace un par de sábados en el Arteplex, había secuencias enteras de la película en las que no se veía nada. De ahí en más, difícil disfrutar una película.

Pero voy a tratar de abstraerme de las pésimas condiciones de proyección y enfocarme en la película en sí, aunque creo que la foto forma parte central del “en sí” de una película.  

El siciliano Salvatore Mancuso vende todo, casa, tierra y animales, para llevar a sus hijos y a su madre al nuevo mundo, donde espera encontrar trabajo y prosperidad. Con ese objetivo la familia emrpende un largo y tortuoso viaje hacia Nueva York. La narración se ocupa de los detalles mínimos de cada etapa de ese viaje. No hay una historia fuerte en términos argumentales, pero sí numerosos conflictos. La cámara acompaña a esta familia en todas las etapas de su recorrido, con las dificultades a las la situación los expone una y otra vez. La película tiene un ritmo lento, una cadencia casi musical que es intersante. Sin embargo, los 118 minutos resultan demasiado.

De todas maneras, Nuevo mundo tiene algunos momentos geniales. Escenas como la de los casamientos forzados, donde hombres y mujeres que no se conocen reciben la fecha de su casamiento (todos el 17, en Ellis Island, claro), condición para entrar al país. O las respuestas de la abuela que no se calla nada: un personaje muy logrado y, sobre todo, divertido.

Dejando de lado la calidad de la proyección, visualmente es una película muy bella. Todo el arte es muy bueno, pero además el relato es intrrumpido regularmente por metáforas visuales explícitas pero no por ello menos interestantes: imágenes de los personajes nadando en ríos de leche, tomados de zanahorias o papas giganes que flotan. Las fantasías de prosperidad que alimentaban a esos seres desdichados durante el viaje.

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