Che, el argentino

che1 El cine americano tiene un gusto especial por los héroes. Che, el argentino, de Steven Soderbergh, no es la primera ni será la última vez que sucede: se toma un personaje atractivo y con eso se hace una película. Quién fue, qué hizo durante su vida, por qué peleó, si es que el personaje en cuestión peleó por algo, son todas cosas que suelen estar de un modo u otro, pero que se supeditan al objetivo principal: contar la historia, transformar esa vida en una película que, si es posible, rompa la taquilla. Y así estamos. Por más excepcional que el Che haya podido ser en vida, esta película no tiene nada de excepcional.

Soderbergh arma un rompecabezas narrativo en el que alterna distintos momentos clave de la historia de la Revolución cubana: el momento en que el Che y Fidel se conoce en México, los años de la guerrilla en la selva, antes de la entrada en La Habana, una entrevista de una periodista yanqui al Che, ya convertido en Ministro de Industria, y su discurso en una asamblea de la ONU.

Las partes que transcurren en Estados Unidos están filmadas en blanco y negro, como si se tratara de imágenes de archivo, y son piezas básicamente discursivas, en las que el Che dice lo que piensa. Las escenas que transcurren en la selva, en cambio, se ocupan de mostrar cómo era el Che cotidiano, en un intento de aplicar el famoso show don´t tell que tan buenos resultados supo darle a algunos.

El resultado de este patchwork es una narración prolija, bien actuada, bien filmada, muy medida, pero que no parece tener un rumbo claro. Con semejante historia y nivel de producción (parece que costó 61.5 millones de dólares), es insólito que por momentos sea aburrida. Sí, aburrida. Quizás eso tenga que ver con que el personaje es bastante lineal: noble, romántico, persigue grandes ideales, predica con el ejemplo, trata de enseñarle a su tropa, respeta a los campesinos y hasta se ablanda con el amor de una bella y valiente Aleida (interpretada por una valiosa actriz como Catalina Sandino Moreno). Si la idea era mostrar al hombre, entonces faltan un par de matices, algo que lo vuelva más humano y menos hollywoodense.

Por otra parte, las idas y vueltas temporales abren un interrogante. ¿Qué es lo que quiere contar Soderbergh con ese supuesto contrapunto? ¿A qué apunta? Que el Che es valiente, tanto como para pelear como para enfrentarse en una asamblea de la ONU, está claro. Pero por qué hacer diaglogar esos momentos de la historia, no se entiende. ¿Para mostrar que no traicionó sus ideales? Puede ser. ¿Para completar el cuadro de una personaldiad excepcional? Quizás, pero sigue sin cerrarme. Mi sensación es que ese contrapunto temporal aporta sobre todo tensión dramática, algo que falta durante la mayor parte del relato, a pesar de estar basado en un material que encierra tantas tensiones y contradicciones como la historia de la revolución cubana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s