Cineclub

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Un padre que quiere acercarse a su hijo adolescente, y la convicción de que el cine es una educación posible. De eso está hecho Cineclub. El escritor y crítico de cine canadiense David Gilmour ve que, a pesar de todo lo que hacen él y su ex mujer por ayudarlo, en el colegio su hijo Jesse es un desastre. Un día, le propone al chico de quince años un trato atípico. Puede dejar la escuela y no tendrá que trabajar, pero deberá ver tres películas a la semana con su papá, y no consumir drogas. Una decisión arriesgada, que abre la puerta a una verdadera educación cinematográfica. Jesse no lo puede creer, pero acepta.

El libro recoge la experiencia de esos tres años de cine y conversaciones entre un padre sin trabajo y un adolescente abúlico. Para la primera función del “cineclub” -como llama Gilmour a las sesiones cinematográficas que comparten en el sillón- el padre elige Los cuatrocientos golpes, la ópera prima de François Truffaut, que también dejó la escuela, y se formó como director en los cineclubs parisinos. El “programa” que diseña no es académico ni pretencioso. Para Gilmour, las películas “..tenían que ser buenas, clásicos de ser posible, pero atractivas, capaces de sacarlo de sus cavilaciones con un argumento sólido”. El recorrido incluye films tan disímiles como Nido de ratas, Psicosis, La dolce vita, Último tango en París, El bebé de Rosemary, Annie Hall o Showgirls. Gilmour le cuenta a Jesse lo que más le interesa o le llama la atención de cada una. Y las películas se convierten en un puente para comunicarse. Hablan cómodos sobre mujeres, drogas o alcohol en una etapa en que la mayoría de los chicos no quiere saber nada de hablar con sus padres.

Porque también de eso se trata el libro. De un padre que narra con honestidad y afecto la relación con su hijo, las dudas que lo invaden en el proceso, lo difícil que es ver a alguien crecer, los miedos, y la impotencia de saber que a veces no puede ayudarlo. Un experimento cinéfilo-educativo en el que vale la pena sumergirse. “Por lo menos sabe que Michael Curtiz filmó dos finales para Casablanca por si uno no salía bien. Eso tiene que servirle de ayuda en el mundo. No se puede decir que haya enviado a mi hijo indefenso”, escribe Gilmour. Y con el correr de las páginas le damos la razón.

(Publicado en el diario Crítica el sábado 30 de mayo de 2009)

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