Antes y después del cine (Una juguetería filosófica)

oubiña Cine, cronofotografía y arte digital, dice el subtítulo. Este ensayo parte de la revisión de los philosophical toys, esos artefactos que precedieron a la invención del cinematógrafo, para reflexionar sobre la naturaleza del cine y las posibilidades críticas y reflexivas que ofrecen las imágenes. Aparatos de nombres raros como zootropo, praxinoscopio, fenakistiscopio o taumatropo aparecieron en escena a fines del siglo XIX, ideados por científicos e inventores que estudiaban el movimiento. En algunos casos, esos estudios apuntaban a entender el funcionamiento de la visión humana; en otros, se trataba de experimentar con las distintas formas de ilusionismo óptico.

Entretenido y erudito a la vez, el texto explora las diferentes formulaciones teóricas sobre la naturaleza del cine y la posibilidad de capturar el movimiento. El cine, nos dice Oubiña, tiene una dimensión doble. Necesita someter los movimientos a la fragmentación y la detención para poder registrarlos. Pero la proyección reconstruye un flujo que el espectador percibe como continuo. El cine comercial hizo todo lo que pudo para olvidar ese doble origen en favor de una de sus dimensiones: la que hace surgir la continuidad a partir de lo discontinuo. Pero tanto las vanguardias de principios del siglo XX como los artistas visuales que trabajan con imágenes digitales en el siglo XXI se han concentrado en eso otro que la imagen cinematográfica enseña.

¿Qué tienen en común los pioneros Eadweard Muybridge y Étienne-Jules Marey con artistas contemporáneos como Douglas Gordon, Bill Viola, o Cindy Sherman? Antes del cine, los primeros se dedicaron a analizar el movimiento a partir de su descomposición. Más de un siglo después, los artistas que experimentan con la velocidad y la duración recuperan ese linaje. Exhiben el reverso de las imágenes, eso que la institución cinematográfica se ha empeñado en borrar. Y dejan al descubierto la perturbadora dialéctica entre movimiento y detención, que es constitutiva del cine. Este libro ofrece una perspectiva lúcida y original, y propone al fotograma como elemento clave. En esa unidad que no se mueve pero tampoco está fija en una pose, nos dice el autor, reside el secreto del cine.

(Publicado en el diario Crítica el sábado 19 de septiembre de 2009)

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