Actual, con la estética de ayer

En el Palais de Glace se proyectarán diez cortos del director canadiense Guy Maddin, cuyo estilo recupera los inicios del cine pero con una mirada de vanguardia.

Cineasta de culto, Guy Maddin dejó de ser el secreto mejor guardado del cine canadiense para cosechar fans por todo el mundo. Nacido en Winnipeg en 1956, este director inclasificable desarrolló en los últimos 20 años una sólida carrera  al margen de la industria. Maddin ha sabido apropiarse de la historia del cine de un modo personal y delirante para delinear una obra atípica, comparada a menudo con la de David Lynch. Kino Palais, el espacio dedicado al cine experimental y de autor del Palais de Glace, presenta desde el 15 de enero 10 cortos suyos, en su mayoría inéditos. “El cine de Guy Maddin no es convencional, pero no le pondría el rótulo de experimental. Maddin es un autor que mezcla imágenes de cine mudo con teatro griego, referencias literarias y claroscuros expresionistas de una manera delirante”, señala Rubén Guzmán, programador de Kino Palais, amigo personal y colaborador del canadiense.

Maddin filmó 9 largometrajes y más de 25 cortos. En Argentina, algunos de sus trabajos se vieron en festivales, pero sólo La canción más triste del mundo llegó al circuito comercial. Los cortos y largos de Maddin recrean la estética del cine mudo de los años ‘20 y de las primeras películas sonoras, pero no se parecen a las películas que veía el público de entonces, sino a lo que vemos hoy: copias deterioradas por el paso del tiempo, que sobrevivieron a innumerables proyecciones. Maddin se apropia de los temas, técnicas y clichés de los inicios del cine; elige formatos como el súper 8 y el súper 16 milímetros, casi siempre en blanco y negro, y compone imágenes desprolijas, con ralladuras, cortes y mucho contraste. Sus filmes están repletos de referencias a la historia del cine. El expresionismo alemán, el montaje soviético de los años ‘20, el cine de terror y el cine de montaña alemán aparecen una y otra vez, y configuran un pastiche onírico atravesado por la ironía y el humor. Los temas son recurrentes: violencia, represión sexual, amores casi patológicos, perversiones. Y los personajes suelen ser solitarios marcados por traumas, heridas o mutilaciones. Pero todo este mix no es puro juego formal, posmoderno y vacío: los filmes de Maddin son melodramas deformados por el terror y la fantasía, historias que exploran las pasiones humanas más elementales, en las que la parodia y la emoción conviven en perfecto e inestable equilibrio.

El programa de Kino Palais incluye 10 títulos producidos entre 1995 y 2009. Fragmentos del hospital es un rompecabezas impresionista de 3 minutos construído a partir de imágenes de su primera película, Cuentos del Hospital de Gimli. Sombra Dolorosa y Sissy Boy Slap Party son dos de los “Tres cortos tristes”, bautizados así por Maddin porque los filmó para promocionar La cancion más triste del mundo, aunque no tienen casi nada que ver con esa película. “Maddin aprovechó que tenía financiamiento y se tomó algunas libertades creativas”, cuenta Guzmán. Hablado en español y con intertítulos en inglés, Sombra dolorosa es una especie de telenovela mexicana en color, en la que la viuda de Don Páramo debe vencer al luchador El Muerto antes del eclipse para evitar que su hija se suicide. Sissy Boy Slap Party es un homenaje homoerótico a la slapstick comedy. Sin autoridad a la vista, varios marineros emprenden una guerra de cachetadas, todos contra todos, hasta caer extenuados.

También se verá El corazón del mundo. Como parte de los festejos por su 25 aniversario, en el año 2000 el Festival de Toronto le encargó a varios cineastas canadienses la realización de cortos para proyectar antes de las películas. El de Maddin gustó tanto que muchos lo consideraron lo mejor del festival. El corto tiene un montaje frenético: 500 cortes en tan sólo 6 minutos. “Guy uso técnicas soviéticas de micromontaje, montando a veces fotograma por fotograma. Casi todo el corto está filmado y montado en súper 8, y después ampliado ópticamente a 35 milímetros”, explica Guzmán. Los intertítulos cuentan que dos hermanos compiten por el amor de Anna, una científica estatal que estudia el funcionamiento del corazón del mundo. Ella los ama a los dos, pero cae rendida ante un industrial desagradable que la conquista con sus riquezas. Mientras tanto, el mundo sufre una falla cardíaca y está sumido en el caos. Cuando el fin está cerca, Anna se sacrifica para salvar el planeta: se desliza a través de un telescopio hacia el corazón mismo del mundo para reemplazarlo con su propio cuerpo, y el telescopio deviene proyector de cine. Según el propio Maddin, “es el primer melodrama subliminal del mundo”.

El programa se completa con Odilon Redon, un encargo de la BBC libremente inspirado en una litografía del pintor simbolista francés del título, que cuenta la trágica historia de un padre y un hijo que se disputan el afecto de una chica. Y también hay cortos muy recientes, que incluyen a Isabella Rosellini en una silla eléctrica de reminiscencias warholianas, y a un patriarca anciano en un entorno tan criminal como surrealista. En total, 70 minutos del más puro universo Maddin.

(Publicado en Ñ el sábado 16 de enero de 2010)

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