Los rostros del silencio

Un documental y un filme de ficción develan el secreto de Benito Mussolini: su amante y su hijo murieron en un manicomio donde él los encerró.

“Es un peligro para sí y para otros”. La frase bien podría aludir al dictador italiano y fundador del fascismo, Benito Mussolini. Sin embargo, las autoridades italianas la utilizaron como excusa para recluir en distintos manicomios a Ida Dalser, una de sus amantes de juventud, y al hijo de ambos, Benito Albino Mussolini. El hombre que en sus discursos exaltaba el valor de la tradición y la familia utilizó todo el poder del Estado para tapar un secreto que hubiera dañado su imagen pública y sus vínculos con el Vaticano. Pero Dalser, que había vendido todo lo que tenía para ayudar a Mussolini a fundar el diario Il popolo d’Italia, no se iba a quedar callada ante la traición. Durante los once años que duró su calvario, se enfrentó como pudo a las instituciones del régimen. Por esos azares de la cartelera local, en los próximos días se podrán ver dos versiones complementarias de esta historia. Ya está en cartel el documental El secreto de Mussolini, de Gianfranco Norelli y Fabrizio Laurenti; y el 3 de junio se estrena Vincere, película de ficción dirigida por Marco Bellocchio.

Cuando se enamoró de Mussolini en 1913, Ida Dalser era una joven de buena familia, muy moderna para la época. Había estudiado medicina estética en París y tenía su propio salón de belleza en Milán. Mussolini era el editor del influyente periódico socialista Avanti!, y un fervoroso militante anticlerical. Como la mayoría de los socialistas, al estallar la Primera Guerra Mundial se opuso a que Italia entrara en el conflicto, pero pronto cambió de opinión y promovió la intervención. Expulsado del socialismo por traicionar la línea del Partido, Mussolini se propuso fundar un nuevo diario. Dalser, fascinada con su amante, vendió su departamento y el salón de belleza  para financiarlo. Después ella quedó embarazada y la pareja empezó a hablar de matrimonio. Algunas versiones incluso afirman que llegaron a casarse. En 1915 nació Benito Albino. Pero Mussolini estaba en el frente, y luego desapareció de sus vidas. Cuando Ida lo encontró, herido, en un hospital militar, se había casado con Rachele Guidi, una amante anterior con la que ya tenía una hija.

Dalser no aceptó el abandono, reclamó sus derechos como legítima esposa y madre de su hijo, y consiguió que Mussolini reconociera  al chico en 1916. Pero una vez en el poder, el Duce se ocupó de mantener vigilada a esa mujer que hacía escándalos en público, y en 1926 la encerró en un hospital psiquiátrico, con la excusa de que era peligrosa. Con una resistencia inflexible, excesiva, Ida le escribió durante años a Mussolini, a la prensa y hasta al Papa para que la sacaran de allí, pero las cartas eran interceptadas y destruídas. Dalser no volvió a ver a su hijo: murió en 1937, después de once años de encierro.

Benito Albino no tuvo mejor suerte. Aunque había sido reconocido por el padre, el gobierno fascista le cambió el apellido en 1932, y cuatro años después lo envió a un manicomio. Estuvo siete años encerrado, y murió a los 26.

Para los documentalistas Laurenti y Norelli, reconstruir la historia no fue nada fácil, porque en su momento el gobierno fascista se ocupó de borrar todas las huellas. Pero en el pueblo de Dalser, Sopramonte, mucha gente se acordaba de ellos. El secreto de Mussolini incluye valiosos testimonios como el de la sobrina de Ida y los del mejor amigo y la compañera de banco de Benito Albino en el colegio. Además, durante los tres años que duró la investigación, los cineastas reunieron fotos, documentos oficiales y las cartas de Dalser, escondidas por la familia en un animal embalsamado.

Hasta la aparición de El secreto de Mussolini, la historia no era muy conocida en Italia. En las biografías de Mussolini apenas figuraban unas líneas sobre Dalser. Bellocchio tampoco sabía mucho al respecto hasta que vio el documental en la televsión italiana, un año antes de empezar a trabajar en Vincere. Si bien la historia es la misma, las dos películas abordan el tema de manera distinta. Mientras El secreto de Mussolini sigue el modelo del documental clásico, la película de Bellocchio se aleja del biopic para contar la vida trágica de Dalser con gran audacia formal. Uno de los aspectos más interesantes del filme es que, hacia la mitad, el personaje de Mussolini, interpretado por el actor Filippo Timi, desaparece para dar paso a imágenes del dictador real, tomadas de imágenes de archivo. Como Dalser nunca vuelve a verlo en persona, Vincere sólo muestra la efigie pública del Duce, que se multiplica hasta el cansancio en bustos, retratos y proyecciones cinematográficas. En Vincere conviven el melodrama, la ópera, el imaginario futurista, la historia del cine y los noticieros cinematográficos. A través de registros tan disímiles, Bellocchio narra el espectáculo fascista, y a la vez convierte a Dalser en una figura trágica.

La solución que Mussolini encuentra al “problema Dalser” es el reverso siniestro de la imagen pública que él pretendía dar de sí mismo. Un relato de la vida privada que revela la verdadera naturaleza del personaje público.

(Publicado en Ñ el sábado 22 de mayo de 2010)

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