Un proyecto bajo el signo del olvido

La Argentina es uno de los pocos países que no cuenta con Cinemateca Nacional ni depósito alguno bajo la órbita del Estado que esté acondicionado para guardar películas. Aquí, los entretelones de una necesidad largamente pospuesta.

Cuando vieron lo que había en ese sótano, no lo podían creer. Los dos profesores del ENERC, la escuela de cine del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), habían sido invitados a recorrer el edificio. Cuando el tour llegó al sótano, el empleado del INCAA que oficiaba de guía dijo: “Y acá está todo este material que ni sabemos qué es”. Estaba oscuro, pero Fernando Martín Peña y el coleccionista e investigador Octavio Fabiano, muerto en 2003, insistieron en conseguir luces y ver qué había. Y la curiosidad se convirtió en asombro. “Se nos caían las lágrimas, casi me pongo a llorar. Un lugar enorme, con pilas de tres metros de altura, sesenta mil latas de películas amontonadas, llenas de polvo, con diez centímetros de agua en el piso”, cuenta Peña. Era la colección de Laboratorios Cinematográficos Alex, que había quebrado en 1995.

“Todo ese material lo iban a tirar –explica Peña, historiador del cine y coleccionista–, iba a ir a parar a la quema, de relleno al cinturón ecológico”. Pero el dato llegó al INCAA y la colección se salvó de la basura: containers repletos de latas desordenadas fueron a parar al sótano del ENERC. Cuando Peña y Fabiano lo vieron, en el año 2000, organizaron equipos de voluntarios con los alumnos. Había que abrir, una por una, las sesenta mil latas y ver qué se podía rescatar. Trabajaron durante cinco años, hasta que terminaron de clasificar todo.

La historia sorprende pero, sobre todo, ilustra un estado de cosas. Esas latas estaban ahí, olvidadas, porque en la Argentina no hay una Cinemateca Nacional, es decir, una institución pública dedicada a rescatar, preservar y difundir el patrimonio fílmico. Esta carencia se agrava aún más si se tiene en cuenta que durante 1999 el Congreso Nacional aprobó la ley 25.119, que ordena la creación de la Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional (CINAIN).

Estado de emergencia

El problema es que la ley nunca se reglamentó y la CINAIN todavía no existe. Ahora el INCAA anunció que la reglamentación es inminente. Si esto se cumple, la Argentina tendrá, por fin, una Cinemateca Nacional. En diálogo con Ñ, la presidenta del INCAA, Liliana Mazure, y el cineasta y delegado Organizador de la CINAIN, Hernán Gaffet (Argentina beat, 2006), contaron que ya se dio un paso fundamental. “Ya firmó (la reglamentación) la Secretaría de Cultura de la Nación, y ahora está en la Secretaría Legal y Técnica. La Argentina es uno de los pocos países del mundo que no tienen una cinemateca nacional y hay que terminar con eso”, observó Mazure.

Consultados sobre las causas de la demora, Mazure y Gaffet señalan que el principal problema es la falta de conocimiento: de las autoridades, del propio gremio del cine y de la sociedad en general. Para Gaffet, “los diez años de demora tienen que ver con el desconocimiento y quizás, en algunos presidentes del INCAA anteriores, falta de iniciativa, no haber considerado esto una prioridad. En la Argentina no hay cultura de preservación, tenemos que explicar de qué se trata”.

Gaffet trabaja en el INCAA desde el año pasado, convocado como representante de la Asociación de Apoyo al Patrimonio Audiovisual (APROCINAIN), una entidad sin fines de lucro formada en el año 2000 para impulsar la creación de la CINAIN. En estos años, APROCINAIN emprendió una importante tarea de rescate: ayudó a clasificar la colección del sótano del ENERC, rescató negativos originales, hizo más de cien copias nuevas y preservó largometrajes en riesgo.

Pero el deterioro es muy grande. En su momento, la ley había declarado el estado de emergencia del patrimonio fílmico nacional, ya que el 90% del cine mudo y el 50% del cine sonoro argentino estaba perdido; y el proceso de destrucción no se detuvo. Como no existe un lugar adecuado para dejar las películas en resguardo, muchas quedan en los laboratorios. Pero éstos tienen una capacidad limitada, y como no es su función, no siempre las guardan en condiciones óptimas. Así se ha perdido o arruinado mucho material.

Con las películas anteriores a los años 50 la situación es crítica, porque el soporte de esa época era el nitrato de celulosa: un material inflamable. El 8 de enero de 1969, el depósito de nitrato de Alex (en el 2250 de la calle Dragones) se incendió, y se perdieron muchísimos negativos originales. “Toda la producción del estudio Lumitón, por ejemplo, estaba ahí. Los originales se perdieron, y sólo quedaron copias”, explica Peña. Con los años, también se perdieron los negativos originales de películas emblemáticas como La guerra gaucha (Lucas Demare, 1942) y Las aguas bajan turbias (Hugo del Carril, 1952). En ambos casos quedan negativos de preservación (copias hechas a posteriori), pero no siempre están bien cuidados.

“El negativo de preservación de Las aguas bajan turbias lo hizo Hugo del Carril y estaba en Alex. Si no lo hubiéramos encontrado en el sótano, se habría perdido también”, cuenta Peña. Cuando se habla de pérdida, los especialistas se refieren a los negativos originales. Los formatos digitales, explican, sirven para difundir, pero no para preservar. “No existe ningún soporte digital que pueda resistir tanto como el fílmico, que en buenas condiciones dura más de cien años”, explica Gaffet.

Pero no todo está perdido. Parte del patrimonio fílmico nacional está en organismos públicos como el Archivo General de la Nación, el Fondo Nacional de las Artes, el INCAA y el Museo del Cine de la Ciudad de Buenos Aires. El problema es que ninguno de ellos tiene como misión principal preservar, restaurar y difundir el acervo audiovisual, y como los costos son altos, en la práctica esa tarea queda relegada. La preservación es cara y complicada: se necesitan bóvedas especiales, con condiciones controladas de humedad y temperatura. “Hoy no hay ningún depósito bajo la órbita del Estado que esté acondicionado para guardar películas”, señala Gaffet.

Las grandes productoras de antaño, como Argentina Sono Film y Aries, conservan casi todos los negativos de sus producciones y también existen archivos privados como Cinemateca Argentina, Filmoteca Buenos Aires y los de ciertos canales de televisión. Algunos guardan las películas en mejores condiciones que otros, pero todos tienen el mismo problema. “La conservación es muy cara y no la puede sostener un privado solo, porque es imposible mantener una rentabilidad, ningún museo es rentable”, observa Peña, también titular de la Filmoteca Buenos Aires. Cuando finalmente exista, la CINAIN ofrecerá a otros archivos públicos y privados la posibilidad de depositar en resguardo sus colecciones, en bóvedas adecuadas para conservarlas.

Contra el deterioro irremediable

Para la Unesco, las imágenes en movimiento son una expresión de la personalidad cultural de los pueblos. Por su valor educativo, cultural, artístico, científico e histórico forman parte del patrimonio cultural de una nación. Por ello, los estados deben tomar medidas para garantizar la conservación del patrimonio fílmico, del mismo modo que se protegen otros bienes culturales.

La CINAIN comenzó a gestarse en 1993, cuando la Unesco hizo un llamado mundial para preservar las imágenes en movimiento, e invitó al cineasta Fernando “Pino” Solanas a impulsar el tema en la Argentina. Solanas y Julio Raffo –hoy legislador porteño– redactaron la ley, asesorados por Fabiano, Peña y Gaffet. El proyecto se basó en las experiencias de otros archivos públicos y privados, locales y extranjeros. La ley 25.119 se sancionó por unanimidad en junio del 99, fue vetada por el entonces presidente Carlos Saúl Menem y vuelta a sancionar en septiembre de ese año.

Según el texto, la misión de la CINAIN es recuperar, restaurar, mantener, preservar y difundir el acervo audiovisual nacional y universal. Para ello necesita, entre otras cosas, un depósito adecuado para guardar películas. Mazure y Gaffet señalan que la intención es construir un espacio nuevo en lugar de acondicionar uno existente. Además, Mazure y la directora del Museo del Cine de la Ciudad, Paula Félix-Didier, confirmaron que evalúan construir un depósito conjunto. “Estamos en conversaciones, porque tanto el Museo del Cine como la futura CINAIN necesitan un buen espacio para guardar las películas, en un terreno grande, alejado y acondicionado sólo para eso”, explica Mazure. Pero una cinemateca no es solamente un depósito de películas, sino que debe estar abierta al público. “Debe brindar servicios a estudiantes e investigadores, restaurar material y difundirlo”, señala Gaffet. Por ello, la ley prevé que tenga una sala de cine y un centro de documentación. Además, deberá formar especialistas en preservación.

Una vez que se complete la reglamentación de la ley, la CINAIN podrá adquirir el edificio donde va a funcionar y empezar a trabajar en el rescate del patrimonio fílmico. “Necesitamos una Cinemateca Nacional con presupuesto suficiente para revertir el proceso de deterioro que sufre el acervo audiovisual argentino desde siempre”, señala Peña. La Argentina ha tenido, desde la época de los estudios, una de las cinematografías más dinámicas de la región. El Estado ha invertido en la producción de cine desde 1947, pero no se ha ocupado de preservar las películas que ayuda a producir. “Esto es una prioridad –observa Gaffet–. ¿Para qué fomentamos la producción si después no la cuidamos?”.

RECUADRO: El modelo mexicano

La Argentina es un caso raro. Aunque nuestro cine cumplió cien años en 2009, y es uno de los más importantes de la región (junto con el mexicano y el brasileño), todavía no tenemos una Cinemateca Nacional que se ocupe de preservar el patrimonio fílmico. Incluso países vecinos con cinematografías más pequeñas tienen cinematecas públicas: la Cineteca Nacional de Chile, el Archivo Nacional de la Imagen del SODRE en Uruguay. En Brasil, la Cinemateca Brasileira fue incorporada al Gobierno Federal en 1984. Y México tiene dos importantes archivos fílmicos públicos: la Filmoteca de la UNAM, creada en 1960, y la Cineteca Nacional, fundada en 1974. En la última entrega de los Ariel –los premios del cine mexicano–, la Cineteca Nacional de México recibió el Ariel de Oro en reconocimiento a su labor en materia de conservación, preservación y restauración del patrimonio fílmico. Ñ estuvo allí, dialogó con el director de la institución, Leonardo García Tsao, y recorrió las impresionantes instalaciones de la Cineteca en el barrio de Coyoacán, en el sur del Distrito Federal. Visitar la Cineteca es un verdadero paseo. Ubicada desde 1984 en un complejo multisala, cuenta con ocho salas modernas y un centro de documentación e información muy completo, con libros, revistas y recortes periodísticos sobre cine. Además, hay cinco bóvedas que cumplen con las recomendaciones de la Federación Internacional de Archivos de Films en cuanto a seguridad, humedad y temperatura. Ñ recorrió las bóvedas junto con la directora de Acervos, María Angeles Sánchez, que entró allí con campera para protegerse del frío de los aires acondicionados. En las primeras cuatro bóvedas, la Cineteca guarda 14.725 largometrajes en fílmico, además de cortos. Son miles de latas, rotuladas y ordenadas en modernos anaqueles que permiten aprovechar el espacio al máximo. En la quinta bóveda, hay una videoteca y una importante colección iconográfica: más de 330 mil piezas entre afiches, carteles, fotografías y diapositivas. Consultado sobre el estado de preservación del patrimonio fílmico mexicano, García Tsao explicó: “Del cine sonoro son muy pocas las películas que ya están perdidas para siempre. Al menos entre los clásicos, no conozco de casos que diga esa copia ya desapareció, ya no existe más. Pero el cine mudo mexicano se perdió casi en su totalidad. Se calcula que existe un 3% de lo que se filmó, mucho menos que el estándar”. Con 163 empleados, la Cineteca ofrece sus servicios tanto a investigadores especializados como al público en general y realiza además exposiciones, conferencias, presentaciones de libros, edición de publicaciones e investigación. Para García Tsao, el reconocimiento de los premios Ariel fue muy importante. “Mucha gente piensa que sólo somos salas que exhibimos cine de arte, pero ignora las cinco bóvedas donde se preserva el material, y yo quise subrayar ese elemento, que realmente lo más importante de la Cineteca es la preservación”. Un verdadero ejemplo a seguir.
(Publicado en Ñ el sábado 19 de junio de 2010)

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