Sobre el tan delicado ecosistema familiar

En julio, el debate en torno de la ley de matrimonio igualitario (en rigor, una reforma al Código Civil) instaló en la agenda pública el tema de las familias conformadas por personas del mismo sexo. La sanción de la ley significó reconocer los mismos derechos y obligaciones para todo el mundo. Pero los agitados días de julio también sacaron a la luz posturas cargadas de prejuicios, basadas en el total desconocimiento de la variedad actual de modelos familiares.

Mi famila ( The Kids Are All Right ), presentada en el Festival de Sundance en enero y ganadora del premio Teddy en el Festival de Berlín, llega a nuestro país menos de tres meses después de ese largo e intenso debate. Argentina es el segundo lugar en el que se estrena después de Estados Unidos, donde se convirtió en la sorpresa cinematográfica del verano. En su tercera película, la directora norteamericana Lisa Cholodenko ( High Art , 1998, Laurel Canyon , 2002) abandonó el nicho del cine independiente para dirigirse al gran público. Y es una suerte que lo haya hecho, porque Mi familia es, entre otras cosas, una película valiosa para terminar de una vez con los prejuicios y la discriminación, allí donde todavía existen.

El filme retrata a una familia compuesta por dos mamás (Jules y Nic, interpretadas por Julianne Moore y Annette Bening) y sus dos hijos adolescentes, concebidos por inseminación artificial: Joni y Laser (Mia Wasikowska y Josh Hutcherson). La premisa de la que parte es simple, pero muy original: Laser, de 15, quiere conocer al hombre que donó el esperma para que nacieran él y su hermana. Pero como no puede llamar él mismo al banco de esperma porque es menor, convence a su hermana Joni, de 18, que está a punto de dejar la casa materna para ir a la universidad. El donante es Paul (Mark Ruffalo), un soltero simpático y bastante inmaduro que tiene un restorán y una huerta orgánica. Paul accede a conocerlos, y así empieza una relación compleja y graciosa entre esta familia acomodada de Los Angeles y el donante hasta entonces anónimo.

La historia está basada en la experiencia de Cholodenko –con su pareja es madre de un chico concebido por inseminación artificial– y del coguionista Stuart Blumberg, que alguna vez fue donante de esperma. Cholodenko y Blumberg despliegan su historia dentro de los códigos de la comedia clásica y consiguen crear un universo rico, emotivo pero sin golpes bajos, con diálogos, detalles y gestos que alejan a los personajes de cualquier estereotipo. Las actuaciones de Bening, Moore y Ruffalo tienen tantos matices como conflictos internos y contradicciones sus personajes.

En Mi familia hay una buena idea, desarrollada con sinceridad, inteligencia y actores notables. Con la misma soltura con que conjuga comedia y momentos de melodrama, la película rescata, desde una perspectiva novedosa, un valor tan ligado a la tradición como la familia.

“El matrimonio es duro, muy duro. Dos personas juntas, sumergidas en la mierda año tras año, envejeciendo, cambiando. Es una maratón, ¿ ok ? A veces estás tanto tiempo con la otra persona que dejás de verla”, dice Jules en una de los escenas más lindas de la película. Ya desde el inicio –una típica cena familiar en la que las madres agobian a sus hijos adolescentes con una indicación tras otra– queda claro que ésta no es una película sobre un matrimonio de lesbianas, sino sobre el matrimonio a secas y todo lo que trae consigo después de 20 años de convivencia: la crisis de la madurez, la relación entre padres e hijos, la confusión y la angustia propias de la adolescencia.

La película de Cholodenko es un retrato personal y honesto que parte del hecho de que el matrimonio entre personas del mismo sexo es una realidad. Lo interesante es que explora la situación sin hacer de la familia con dos mamás un espectáculo. La familia en cuestión es bastante convencional y lleva una vida como la de cualquier otra; es decir, complicada y llena de conflictos. Como le sucedería a cualquier familia, la repentina aparición de un extraño que se incorpora a la dinámica cotidiana desestabiliza el siempre frágil ecosistema familiar.

Aunque en nuestro país la película se estrenó como Mi familia , vale la pena rescatar el título original: The Kids Are All Right (los chicos están bien). El título es una referencia a una gran canción del disco debut de la banda inglesa The Who ( My Generation , 1965), pero tiene múltiples resonancias. La propia directora lo explicó en una entrevista a un medio estadounidense: “La película es sobre estas mujeres y su experiencia al formar una familia, sobre el hombre que aparece y quiere ser parte de la familia. Y realmente cuando se habla de la familia, se habla de la vida de los hijos. Así que es un título irónico, en el sentido de que los chicos llevan la situación mucho mejor que las madres. Y es además una especie de guiño a esa noción de que gais y lesbianas no pueden criar hijos psíquica y físicamente sanos, como decir ‘los chicos están bien, no se preocupen por ellos, están bien’.”

(Publicado en Ñ el sábado 2 de octubre de 2010)

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