Román Gubern: “Con la imagen digital podemos mentir ocultando la mentira”

Invitado como jurado del 25 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el español Román Gubern, profesor emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona, brindó el lunes 15 una charla pública. Durante dos horas, Gubern repasó algunos temas de sus más de cuarenta libros, entre los que se cuentan Historia del cine, El eros electrónico, Patologías de la imagen, Los años rojos de Luis Buñuel y Metamorfosis de la lectura. Ante un auditorio casi lleno, Gubern habló sobre las transformaciones que atraviesa el universo audiovisual desde la revolución digital. También se refirió al eBook, el chat, la “cultura del dormitorio” de los adolescentes, la obra de Luis Buñuel y la construcción de la memoria en el cine español luego de la dictadura franquista.

La charla comenzó con el recuerdo del director Luis García Berlanga, fallecido dos días antes. “No quiero pasar esta ocasión sin recordar que falleció uno de los más eminentes directores del cine español. Luis fue un poco el rey de la comedia negra. Para definirlo, diría que ha sido al cine español lo que Francisco de Quevedo fue a la novela humorística del Siglo de Oro”, observó.

La imagen “tecnográfica”

Entrevistado por la docente Stella Maris Poggian, Gubern analizó las consecuencias de la revolución digital. Con mucho humor y una buena dosis de anécdotas, caracterizó el estado actual del mundo de la imagen. “La producción de imágenes a través de tecnologías –señaló- ha adquirido la flexibilidad de la pintura. El pintor puede pintar lo más inverosímil, lo más fantástico. La imagen tecnográfica, que antes estaba sujeta a la esclavitud de lo real, ha adquirido la labilidad propia de la imagen pictórica, pero con el rasgo muy relevante de aparecer ante el público como una imagen autentificadora. Con la imagen digital podemos mentir ocultando que la imagen miente”.

Para ejemplificar la idea, Gubern contó una anécdota: “En 1997 apareció en la televisión un anuncio en el que se veía a Fred Astaire bailando con una aspiradora. Él nunca había bailado con una aspiradora y la hija protestó, como que era una ofensa a la imagen paterna. Pero la viuda de Astaire había vendido los derechos de imagen a una fábrica de aspiradoras, y con tecnología digital le pusieron la aspiradora en la mano. Entonces, dos imágenes que existían previamente, se juntan en un collage y aparece una imagen mentirosa. El enunciado es falso aunque parte de premisas auténticas, y eso tiene una importancia en el mundo artístico y cognitivo enorme”.

Para Gubern, el punto de inflexión lo marcó Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993). Con esa película, señaló, nació la “hiperimagen”, es decir, el collage compuesto a partir de imágenes de distinta naturaleza: las imágenes analógicas de los actores y las digitales de los dinosaurios.

Evitando en todo momento las posturas maniqueas, el teórico español señaló que no hay que ser “tecnófobos”, pero sí estar atentos para detectar los posibles efectos negativos de cada nueva tecnología. “Hay una maldición del digital –observó-. Como permite hacer que uno vuele y se metamorfosee en dragones, los cineastas optan por la ley del menor esfuerzo. Pero a la tercera vez que uno lo ve, es de lo más soso, porque lo que interesa a la gente es conocer las motivaciones de los personajes, identificarse con ellos y vivir su peripecia. El puro dramatismo de la gente que salta y se transforma no tiene ningún interés, y hay una parte del cine de Hollywood que fue por ese lado”, señaló.

Consultado sobre la relación de la tecnología digital con la teoría de Marshall McLuhan, Gubern observó que la teoría de McLuhan se refería a los medios como extensiones del hombre: la TV como extensión del ojo, la radio como extensión del oído. “Pero las tecnologías actuales –señaló- dan un salto cualitativo, porque son delegaciones de facultades. La cámara de video vigilancia, autoprogramada para disparar agua cuando sale el fuego, ya es una delegación de facultades. Hemos pasado de la extensión del hombre a la delegación de facultades, con lo cual renace el mito de Frankenstein y todo el imaginario asociado al robot que se subleva. En ese sentido, tiene razón Paul Virilio cuando escribe que se progresa detectando las disfunciones o efectos negativos de cada tecnología. Uno reconoce que hay disfunciones, y está claro que delegar facultades humanas en aparatos puede llegar a ser catastrófico; hay mucha ciencia ficción que nos lo ha explicado”.

De los anteojos al casco

Amenazada por los cambios que trajo internet y, sobre todo, por la piratería, la industria del entretenimiento busca en las novedades tecnológicas la clave para frenar y revertir la decadencia del negocio. Después de resucitar el 3D y pasarle el barniz de la novedad –aunque en realidad el sistema data de 1935 y tuvo su momento estelar durante los años ‘50-, las corporaciones mediáticas han puesto el foco en la realidad virtual.

“Uno de los elementos de reflexión actual de los ingenieros de Hollywood es convertir la realidad virtual inmersiva en un espectáculo para las masas”, explicó Gubern. Pero ya no se trataría sólo de un paso más en el grado de espectacularidad, sino de un cambio que transformará por completo la naturaleza del cine.

Si en el cine ‘tradicional’ el espectador tiene un rol pasivo, en el espectáculo de realidad virtual inmersiva su condición cambia. El espectador abandona la pasividad para convertirse en un espectador-operador-actor. “Vamos a ponernos el casco visualizador –en lugar de los anteojos- y vamos a entrar en el ciberespacio a ‘vivir’ una aventura digna de un espacio tridimensional virtual. Entonces, ¿qué ocurre? Interviene la tiranía del hipertexto. Uno girará hacia la derecha, abrirá una puerta y encontrará un tesoro. Pero otro, con la libertad hipertextual que le da el ciberespacio, irá hacia la izquierda, abrirá otra puerta y saldrá un dragón. Por lo tanto, ya no habrá una experiencia común: la libertad hipertextual dará lugar a experiencias diferenciadas. Esa cohesión psicológica, esa misa maravillosa que es el cine, en la que estamos todos juntos compartiendo esa comunión mística que es la imagen en la pantalla, se disolverá por la diversificación de las iniciativas del espectador-operador-actor”, explicó.

Y esto también trae aparejados grandes cambios en el campo del lenguaje cinematográfico. Didáctico, Gubern ejemplificó: “Estamos en la butaca y vemos que el personaje de Humphrey Bogart toma un avión en Nueva York, hay un fundido a negro, pasan dos segundos y llega a Tokio. Pero estando en el ciberespacio, teniendo una vivencia continua del tiempo, ¿admitiremos las bruscas elipsis (saltos temporales), las metáforas y efectos de montaje, las discontinuidades que son propias del lenguaje del cine?”. La pregunta está abierta, pero deja entrever que la realidad virtual inmersiva va mucho más allá del 3D. “Ya no es como Avatar, que es más espectáculo. Esto significa un salto cualitativo en la conciencia del espectador-operador actor”, concluyó el español.

(Publicado en Ñ digital el jueves 18 de noviembre de 2010)



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