Yo fui…extra de cine

-¿Les cuento lo que vas a hacer o no digo nada? Si querés que te traten como a un extra de verdad…

Juan Pablo Esquivel, segundo asistente de dirección de la película Juan y Eva, que dirige Paula de Luque, me recibe con una pregunta que parece fácil, pero yo dudo. Se me vienen todas juntas las imágenes de otro rodaje, hace seis años, en el que no fui extra sino ayudante de dirección, es decir, encargada de coordinar a los extras. Y esas imágenes no son muy alentadoras. Eran muchos extras, cien creo, en una maratón de aguas abiertas repleta de público real. En medio del caos, el segundo asistente de dirección, mi jefe, gritaba y daba órdenes a los extras como si fuera un oficial de la SS. Y ahí estaba yo, otra vez en un rodaje, ahora en el estadio de Argentinos Juniors en Paternal, para ser extra.

-No les digas nada.

-Ok. Ahora vas a ver toda la histeria de lo que yo llamo “el show del nervio”.

No se lo aclaro, pero la conozco. Tanto que me decidió a cambiar de profesión.

Juan Pablo me lleva con la vestuarista: “Vení, muñeca, ¿cuánto calzás?”, pregunta. Le digo y me encaja una percha con vestido, sobre y sombrerito de época, y un par de zapatos. Así de fácil. A mí, que puedo pasarme horas frente al espejo de un probador antes de comprarme algo. Me pruebo el vestido y me queda bastante mal. La vestuarista vuelve, se da cuenta, me da otro: más oscuro, corte entallado. A las otras chicas les gusta más. Una me presta un espejito, me veo apenas. El vestido me aprieta y me marca un poco la panza, pero no digo nada; soy extra, a nadie le importa cómo me queda el vestido. Los zapatos no me entran. La vestuarista se apiada y me da otros dos pares.

-Fijate cuál te va mejor y después andá a maquillarte.

Ya estoy vestida. Junto mi ropa, desparramada en el piso de cartón del gazebo –unos parantes cubiertos con plástico negro- montado a la intemperie, al costado del estadio cubierto, para que nos cambiemos los extras. Somos 60 para vestir, maquillar y peinar como si estuviéramos en 1944. Los que llegaron a la una ya están listos y se sacan fotos con los celulares. Los de las dos de la tarde charlan. Esperan.

Las maquilladoras están en la motorhome, una de esas casas rodantes especiales para filmaciones. Como en un buen camarín, hay espejos iluminados con bombitas, una mesa, un baño y un sector para cambiarse. Entro y Julieta Díaz -remera rosa, jean y ruleros- me saluda como si me conociera. Me siento frente al espejo. La cosa me empieza a gustar. No sé maquillarme y no me maquillo nunca, ni para un casamiento, pero si otro lo hace por mí, yo encantada. Llega Osmar Núñez y me da un beso. Me sorprendo: no esperaba que me registren, ellos son los protagonistas, y yo apenas una extra. En los rodajes de cine y publicidad en los que trabajé nunca vi a los actores saludar a los extras. Si en el cine hubiera castas, los extras o figurantes pertenecerían a la más baja de todas. Los proletarios del cine. Más tarde, el productor ejecutivo de la película, Alejandro Israel, dará una definición tan precisa como cruel: “Un extra es alguien que, si lo sacás del cuadro, el cuadro no se resiente, sigue siendo el mismo”. Es decir: personas que sólo cuentan en tanto masa. Relleno. Igual, ojo con eso, que hasta el ex presidente Néstor Kirchner fue extra en La Patagonia rebelde (1974), de Héctor Olivera.

Por un segundo siento que pertenecemos al mismo universo, pero la ilusión dura poco. Cuando hablan, está todo claro: ellos son figuras, yo figurante. “Es ridículo –cuenta Julieta-, mi tía dice ‘almorcé con Julieta Díaz’ como si yo fuera una institución. Y eso que me conoce desde que nací. Dicen que Graciela Borges llamaba a la madre y le decía ‘hola mamá, soy Graciela Borges’”. Osmar y las maquilladoras se ríen.

El paso siguiente es el peinado. Me acerco al gazebo donde prácticamente montaron una peluquería. Los peinadores están ocupados. Me toca esperar.

-Vení, mamucha –me dice uno cuando se libera un puesto.

Y empieza a peinarme. Me gusta que me peinen, me encantaría que esté una hora o  dos, pero el peinador lo resuleve en escasos diez minutos. Claro, si tiene que peinar a tantos.

Combativos

De mi época como ayudante de dirección recuerdo el estrés. Eso y que no tenía que olvidarme de que todos los extras firmaran la “Cesión de imagen”, el papelito que autoriza a la productora a usar su imagen. Como extra, de lo que no puedo olvidarme es de firmar planilla. Cuando una productora necesita extras, los convoca a través de un planillero habilitado por el SUTEP (Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo Público y Afines). El planillero es el encargado de seleccionar gente con el perfil adecuado, y los extras tienen que firmar la planilla para acreditar su presencia.

El oficio del extra gira en torno del sindicato, que negocia los salarios mínimos, habilita planilleros, inscribe a los interesados en la bolsa de trabajo, recibe los pedidos de las productoras, convoca a la gente a las filmaciones y gestiona los pagos. Según el convenio, el extra de cine cobra $153 la jornada. Pasadas las ocho horas, empiezan a correr las horas extras, a $28 la diurna y $38 la nocturna. El planillero también es un extra, pero cobra $315. El convenio exige un planillero cada 50 extras, por eso esta vez hay dos: el Cuervo y Alejandro.

Hoy se filman las escenas del Luna Park, el evento organizado en solidaridad con las víctimas del terremoto de San Juan de 1944, en el que Perón y Evita se ven por segunda vez. El centro del estadio está lleno de gente, cámaras, cables, grúas y sillas de maderas. Al fondo, sobre el escenario, hay un bandera argentina y un cartel que dice “Solidaridad con la provincia de San Juan”. En las gradas hay varios hombres vestidos de militares. Con ellos está Nestor “el Cuervo” Regina: 55 años, 18 de profesión, ex secretario general del gremio, pelo largo, canoso, pantalón y zapatillas deportivas, riñonera “El trabajo del planillero –me explica- depende del programa: si hay que llevar risas, tribunas o es una película, donde hay que manejar el casting con un criterio artístico. Hoy pidieron gente de clase media y militares, entonces hay que buscar edades, perfiles. Los verdaderos planilleros o castineros son los de ficción. Los que hacen risas o tribunas es simplemente llevar público”.

Mientras esperamos que el asistente de dirección nos llame para filmar, Susana, 70 años, jubilada, me cuenta que en 2007 armaron lío: “Fuimos a Telefé a hacer una protesta y destrozamos todo el frente”. Susana habla y se ríe, como si contara una travesura infantil. Fue el 23 de noviembre de 2007. En medio de un paro por mejoras salariales y en las condiciones de trabajo, unos 300 extras protestaron frente al canal de TV, quemaron neumáticos y se enfrentaron con la policía. “Ahí Moyano nos citó a la CGT y nos dijo: ‘Chicos, nunca pensé que los extras, que siempre son tan finos, tan arregladitos, tan maquilladitos, harían un desastre como el que hicieron, peor que los camioneros’”, cuenta Susana orgullosa.

Para trabajar como extra, hay que inscribirse en el sindicato, pero en este momento la inscripción está cerrada, salvo para casos específicos.

-Específicos son una travesti, un físicoculturista, un chino, una gorda, algo diferente –aclara el Cuervo.

-¿Y si yo quiero anotarme no puedo?

-Y si vos querés, vos sos mona –me dice y yo me río, nerviosa-. No te rías. Tiene mucho que ver con la belleza; desgraciadamente éste es un trabajo que discrimina.

Quiero preguntar más pero alguien grita mi nombre y el Cuervo me manda a trabajar.

Familia unida

Los extras son como una gran familia. De tanto verse en los rodajes, algunos se conocen bastante. Además, hay familias enteras de extras: Alejandro, de 22 años, empezó a los 11 gracias a su hermano; Marisa, de 57, es ama de casa y empezó hace 20, cuando eligieron a sus nenas para un programa. Alicia -jubilada, no quiere decir su edad- es extra desde hace 14 años. Además, es la madre del Cuervo. Otra señora de vestido y sombrero negro es la mujer de Alejandro, el segundo planillero. Para Susana, 70 años, jubilada, “es hermoso ser extra, encontrás un montón de cosas positivas. Los compañeros me protegen, me quieren, se acuerdan del día del amigo. Yo soy actriz, tengo carnet (del sindicato) de Actores, pero sigo siendo extra porque estoy contenta con ellos, son mi gente”. Para algunos, el trabajo de extra es una changa, para otros es la actividad principal. Hay mucha gente que empezó cuando se quedó sin trabajo, porque es una forma fácil y rápida de conseguir plata. Pero todos coinciden en que es muy difícil vivir de esto, por la falta de continuidad.

Frente al escenario hay varias hileras de sillas. En las de adelante se sientan los militares. Los demás nos sentamos en las de atrás. Las vestuaristas se acercan y reparten sombreros y accesorios para completar los atuendos. Como no tengo agujeritos, me tocan unos aros que se enganchan a la oreja como si fueran clips. Me molestan, pero no digo nada.

Ricky, el primer asistente de dirección, pide silencio y explica lo que vamos a filmar. Alrededor mío todos charlan: de la merienda, de cómo se van a volver, de a qué hora terminaremos, de que a veces al extra lo tratan como a un mueble. La voz de Ricky casi ni se escucha, pero cuando pregunta si se entendió, todo el mundo dice que sí. La cámara está detrás nuestro. En el escenario hay una cantante. Cuando termina de cantar, hay que aplaudir. Los militares de adelante se tienen que parar. De las filas de atrás, dice Ricky, sólo se van a parar los menores de 45 años cuyos documentos terminen en número impar, y no todos a la vez. Mi documento termina en siete. Filmamos la primera toma y todo el mundo aplaude pero, salvo los militares, nadie se para. Ricky agarra un megáfono y explica todo otra vez. La directora repasa las instrucciones como si hablara con chicos de jardín de infantes. Repetimos y sale bien.

Para el equipo técnico, lidiar con los extras puede ser muy complicado. “El extra de raza, el que trabaja de eso y nada más que de eso –dice Juan Pablo, segundo asistente de dirección- es especial: están los seres humanos y están los extras. Pero no lo digo despectivamente, son muy particulares. El extra de raza del SUTEP es vago, lo tenés que ir a buscar a todos lados para que vaya a laburar porque se esconde, se hace el boludo, garronea comida a full. Muchas veces les decís ‘bueno, muchachos, síganme, vengan para acá’, y se te quedan mirando. A veces puede ser muy frustrante, yo los sufrí en películas, en publicidad. Pero no todos, no quiero generalizar. Hay otros que son re profesionales y le ponen el hombro”.

El plano que sigue es igual, pero del lado derecho del auditorio. Nos levantamos. Agarro mi silla para trasladarla, pero como nadie más toma la suya, la suelto. Los extras no mueven sillas, eso lo hace la gente del equipo. Nosotros esperamos a un costado hasta que acomodan todo y volvemos a sentarnos, cada uno en un lugar distinto. Más tarde Alejandro, el productor ejecutivo, me explicará que se filma lo mismo en distintos sectores para después combinar las imágenes en postproducción y que el estadio parezca lleno a pesar de que sólo somos 60. Es más barato que llenar el estadio de verdad. Alejandro agrega que así se hizo también la famosa escena de la cancha de El secreto de sus ojos, la película con la que Juan José Campanella ganó el Oscar: con apenas cien extras que, gracias a la postproducción, parecen 50 mil.

Después viene un plano en el que tenemos que cantar el himno. Sólo el principio, pero igual una señora dice que es “bolo cantado”. Los extras siempre están pendientes de lo que les toca hacer en escena porque saben que, si les piden que hagan acciones muy puntuales o que interactúen con un actor, o si aparecen en un primer plano, los tienen que recategorizar. Es decir, que el bolo de extra ($153) se convierte en un bolo menor del sindicato de Actores, que se paga mucho mejor ($691). Esta vez no aplica, pero el comentario toca un nervio sensible. “Para algunos es como un orgullo, por ahí le cuentan a los otros que en una película estuvieron atrás de Darín”, comenta Juan Pablo.

Son las nueve de la noche y la gente empieza a quejarse del hambre y del frío. A mí me aprieta todo: los aros, el vestido, los zapatos. Estoy cansada.

¿Guiso para todos?

-Hacemos este plano y vamos a comer –anuncia la directora.

La comida es otro tema sensible, porque establece una diferencia de clases. El catering de los extras nunca es igual al del equipo de producción. A la hora de la cena, las mesas de uno y otro grupo están bien separadas. A nosotros nos dan un guiso con fideos, verdura y algo de carne. No está mal, pero me cae bastante pesado. De postre, ananá. Un rato después, cuando pase por la zona en donde cenó el equipo, voy a ver los restos de lo que comieron ellos: carne con arroz y ensalada, y postrecitos de chocolate. “El extra siempre come menos o come peor, y hay mucho maltrato. En publicidad me tocó lidiar con jefes de producción que, en pleno junio, dicen ‘no, los extras comen en la calle’. A mí me gusta tratar al extra igual que al actor, pero son decisiones de arriba”, dice Juan Pablo, que como segundo asistente de dirección es el que tiene que poner la cara.

Comemos y a la hora empieza todo otra vez. Los nervios, el estrés, son exclusivos del equipo técnico. Mientras ellos preparan el plano, nosotros esperamos. Como en las trincheras, la mayor parte del tiempo no pasa nada y hay que sobrellevar el aburrimiento. Esa es la vida del extra: esperar, filmar, esperar. Y así hasta las dos de la mañana. A esa altura sólo pienso en volver a casa y me alegro de no trabajar más en cine.

(Publicado en El Guardián, abril de 2011. PDF: 070-074 extra de cine)

11 Respuestas a “Yo fui…extra de cine

  1. Hola, yo soy extra de raza y no soy vaga ni ataco el catering ni me tienen que llamar para trabajar, al contrario, los que hacen eso son los cholulos que van de casualidad y no entienden que es un trabajo digno. Me parece que antes de hablar de la gente hay que aprender un poco y conocer, hay productores, directores, asistentes, vestuaristas, cam, etc inutiles y tambien los hay de la hostia, lo mismo pasa con los extras y en todos los ordenes de la vida. Es asi de simple, si no te gusta lo que haces te pones un kiosco o buscas otra cosa.” o estudias para ser jefe” asi nadie te dice lo que tenes que hacer.No se quien firma esa nota, de lo que estoy segura es que no es un extra.

    • Arehmi Hernández

      Hola Alejandra Aisa! Leí que eres extra de raza y quisiera preguntarte ¿Cómo lo lograste? ¿Se deben tomar clases de actuación antes? ¿A que compañía debo acudir, Paramount, Universal? La verdad estoy confundida pero en las películas y la televisión veo a tanta gente que imagino que yo también podría ser una de ellos. Me encantaría, tengo 20 años y realmente me interesa, espero me puedan orientar. Gracias

  2. Hola Alejandra: la nota la escribí yo, periodista y autora de este blog. Por supuesto que el del extra es un trabajo digno. Las opiniones que mencionás no son mías, sino de quienes hablaron conmigo el día que asistí al rodaje para escribir la nota. Creo que la nota deja bien en claro, con nombre y apellido, quién dice cada cosa. Saludos.

  3. Juan Pablo Esquivel

    Hola Alejandra, el que dijo eso sobre los extras fui yo y banco lo que digo, pero guarda; tenes que leer bien, si te fijas tambien digo en una parte: “Pero no todos, no quiero generalizar. Hay otros que son re profesionales y le ponen el hombro”
    Y si lees mas abajo tambien digo: “El extra siempre come menos o come peor, y hay mucho maltrato. En publicidad me tocó lidiar con jefes de producción que, en pleno junio, dicen ‘no, los extras comen en la calle’. A mí me gusta tratar al extra igual que al actor”
    Se que puede ser fuerte, pero queda en vos sentirte aludida por los comentarios o no.
    Saludos
    Juan Pablo Esquivel

  4. hola soy Marcela Peredo , y estoy de acuerdo con mi compañera Alejandra Aisa , pero es muy cierto lo que dice Juan Pablo esquibel, yo tambien trabajo como actriz , en teatro independiente , y sin embargo , algunas veces sigo aceptando bolos en el sutep, institución a la cual le debo muchos momentos felices de mi vida , sea cual sea tu experiencia , si se refiere al arte escénico sin títulos ni niveles , puedo decir que para mi , esta profesión es la más bella del mundo y dedico estas palabras a mi maetro que desde el cielo me guía siempre el señor Juan Carlos Thorry!!!!

  5. Tenia muchas ganas de ser extra pero ahora que lei esto ya se me fueron

  6. alguien me puede orientar donde anotarme …? es que hay mucho chanta en el medio mi mails es : sandra.cristina@hotmail.com.ar

  7. Hola! Sinceramente no me parece que esté bien redactada la nota. Y me parece que en el Sutep justamente el que es de raza, no es vago. “El extra de raza del SUTEP es vago, lo tenés que ir a buscar a todos lados para que vaya a laburar porque se esconde, se hace el boludo, garronea comida a full. Muchas veces les decís ‘bueno, muchachos, síganme, vengan para acá’, y se te quedan mirando. A veces puede ser muy frustrante, yo los sufrí en películas, en publicidad. Pero no todos, no quiero generalizar. Hay otros que son re profesionales y le ponen el hombro”.dixit.
    Entiendo que usaste la palabra “generalizar”en la nota, pero también al escribir debés saber que ese garroneo, viene desde que la producción hace diferencia hacia el extra, y lo poco que dan, lo deben repartir. El prole se dimensiona desde que más brillan las diferencias en tanto y cuanto alimentación, una necesidad básica y primaria para el ser humano. Y si se quedan mirando es porque muchos ya saben y tratan de ver la escena tanto como el asistente. De tantos años que están en ese instante que se detienen, es porque están asimilando la escena, para saber bien, como moverse. Yo trabajo desde el 2006 esporádicamente, y sé que hay mucho profesionalismo en el oficio, más allá del maltrato y del pago por el trabajo.

  8. Hola Valefu, gracias por leer y opinar. Sólo quiero aclararte que el párrafo que citás en tu comentario es un testimonio de otra persona (un asistente de dirección) y no algo que digo yo como autora de la nota. Justamente por eso está entre comillas. Es decir, no necesariamente representa mi mirada sobre el tema, sino la mirada de otra persona a la que se le dio espacio para opinar a partir de su experiencia. Saludos.

  9. yo hace unos dias fui extra para una peli de taratuto y nos trato super bien y aparte del catering nos pago la comida en un restorant enfrente donde estabamos filmando

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