Mika Kaurismäki: “No me veo como director sino como un observador del mundo”

Aunque filmaron poco juntos, y hace ya varias décadas que cada uno siguió su camino, gran parte del mundo los conoce como “los hermanos Kaurismaki”, como si todavía formaran esa prolífica sociedad creativa que en la década del 80 revolucionó el cine finlandés. Juntos o separados, Mika y Aki Kaurismaki se han convertido en cineastas de culto. Aunque algunas de sus películas se estrenaron, sus obras circulan sobre todo en festivales. Aki, el más reconocido a nivel internacional, supo hacerse un lugar entre los autores cinematográficos que llaman la atención en los festivales de primera línea como Cannes. Mika tiene un perfil más independiente y ecléctico. A lo largo de tres décadas, filmó películas de distintos géneros en muchos países e idiomas, entre las que se cuentan varios documentales sobre música. Casado con una brasilera, vive desde hace 20 años en Brasil y en varias películas ha explorado la cultura del país vecino. Prolífico, en los últimos dos años filmó cinco películas (en Argentina sólo se estrenó Divorcio a la finlandesa) y hace unos días estuvo en Buenos Aires para presentar algunas, seleccionadas por él mismo para proyectar en el segundo Festival de Cine Escandinavo en el Hoyts Abasto. Con reminiscencias de la nouvelle vague, The Worthless marcó el inicio de la carrera de los Kaurismaki. Three Wise Men cuenta la historia de tres amigos de 50 que se reencuentran en Navidad, y Honey Baby es una road movie bastante onírica que recorre los paisajes bálticos. Mama Afrika, el documental sobre la cantante sudafricana y activista por la igualdad racial Miriam Makeba, fallecida en 2008, es la que tiene más chances de estrenarse en Argentina.

¿Por qué eligió estas películas para proyectar en Buenos Aires?

–La directora del festival quería mostrar Mama Afrika. Elegí Three Wise Men porque muestra un temperamento muy finlandés y además fue hecha con un método especial. Filmamos en una semana y casi no hubo guión. Trabajé con cada actor de manera individual y después puse a los tres juntos a improvisar. Honey Baby es completamente distinta, una road movie mucho más visual, que muestra el viaje entre Alemania y Rusia. Pensé que era interesante mostrar estos paisajes: cuando existía la Unión Soviética no se podía ir a filmar a estos lugares y son paisajes que ahora, a medida que estos países entran en la Unión Europea, van desapaeciendo. The Worthless también es una road movie. Fue la película con la que empezó mi carrera en el 82, elegida como una de las mejores películas finlandesas de todos los tiempos, así que pensé que sería interesante mostrarla. Y también porque muestra los paisajes de Finlandia.

¿Tiene un interés especial por mostrar y explorar distintos paisajes?

–Sí. Antes de empezar a dirigir yo estudiaba arquitectura, y siempre me interesaron mucho los paisajes, la arquitectura y lo que el ser humano hace con la naturaleza, como en los westerns. Y me gustan los personajes que están en movimiento, buscando una libertad que les falta. Cuando la gente viaja está en un estado mental muy especial.

¿La realización de road movies tiene que ver con su experiencia como viajero?

–Viví en muchos países y no me veo tanto como un director de cine sino como un observador o antropólogo que viaja con la cámara y observa el mundo. En mis películas siempre hay un fuerte componente documental, incluso cuando hago ficción. Presto mucha atención a lo que voy a mostrar, no me interesa filmar en estudio.

¿Diría que el suyo es un cine cosmopolita?

–Sí, mis raíces están en Finlandia. Como un árbol, uno necesita tener raíces firmes, que no se ven porque están bajo tierra, y también antenas. Yo tengo un punto de vista finlandés, pero puedo trabajar en cualquier parte. Vivo desde hace 20 años en Brasil y eso ha ampliado mi punto de vista. Antes Brasil me resultaba exótico, y ahora Finlandia me parece exótico. La finlandesa es una sociedad muy aislada, por la ubicación, el idioma; es absolutamente opuesta a Brasil, son dos extremos.

¿Por qué decidió filmar un documental sobre Miriam Makeba?

–La película surgió a partir de una propuesta de los productores. Ellos no lo sabían, pero soy un gran fanático de Makeba. Sabía muchísimo sobre ella, admiraba su música y su lucha a favor de los derechos humanos. El proyecto original era hacer la película con ella, íbamos a viajar por distintos países, pero falleció dos semanas antes de que empezáramos a filmar. Al principio pensé que no podría hacerla, pero dejamos pasar un tiempo y a los seis meses decidimos continuar.

¿Tuvo que reformular la película?

–Sí, cambió todo el concepto. La idea original era empezar con ella en la cocina, era una cocinera apasionada, pero no pudo ser. Utilicé mucho material de archivo y llegué a editar 27 versiones distintas, porque el tema de los derechos de autor fue muy complicado. La edición llevó unos tres años, con algunas interrupciones para filmar, pero eso al final ayudó a la película, porque pude llegar a conocer muy bien el material. Y el ritmo de la película cristalizó a partir de todo ese largo trabajo.

Usted hace películas muy distintas entre sí. ¿A qué se debe esa versatilidad?

–Siento curiosidad por el mundo y no me interesa hacer siempre el mismo film. Muchos directores tienen una marca registrada, uno ve sus películas y sabe qué esperar. Yo trato de evitar eso, no va con mi temperamento. Me gusta tener libertad para hacer lo que quiero, nadie sabe cómo va a ser mi próximo film. A nivel comercial es muy bueno tener una marca registrada, pero uno se vuelve prisionero de su marca.

¿Cuál es su relación con Hollywood?

–No me interesa filmar en Hollywood. Filmé ahí Without a Map, pero fue un film independiente. Podría trabajar ahí pero nunca me interesó, no creo que tenga que ver conmigo. En Hollywood uno puede hacer los films que ellos quieren, y a mí me gusta hacer mis propios films, con mis errores y aciertos. Si me llamaran para filmar un buen guión y me ofrecieran buena plata lo haría, pero no creo que pase.

¿Está preparando otra película ahora?

–Estoy desarrollando una película con Vincent Gallo, y también un film histórico sobre la reina Cristina de Suecia hablada en inglés, que espero poder filmar en un año. Además tengo un proyecto para filmar acá en Argentina: Patagonia Express, una adaptación de varios cuentos del escritor chileno Luis Sepúlveda. Es una película bastante complicada, en este momento estamos buscando financiación y tal vez filmemos en dos años.

(Publicado en El Guardián el 6 de octubre de 2011)

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