Entrevista a Armando Bo (nieto)

Elegida como película de apertura del último Bafici luego de haber sido aplaudida en festivales internacionales como Sundance y Tolouse, finalmente el jueves 26 llega a los cines El último Elvis, la ópera prima del director Armando Bo, nieto del famoso actor y director homónimo. La película cuenta la historia de Carlos Gutiérrez (John McInerny), un cantante separado de Alejandra (Griselda Siciliani) que se hace llamar Elvis y tiene una pequeña hija a la que le puso Lisa Marie (Margarita López). Carlos trabaja como obrero en una fábrica, pero tiene una voz excepcional y por las noches hace shows en fiestas, bingos o donde sea que lo contraten, en los que además de cantar las canciones de “El Rey”, se viste como él. Para Carlos, la identificación con el ídolo va mucho más allá de la simple imitación: se cree realmente Elvis y pretende vivir como si fuera su rencarnación. Pero una situación inesperada lo obliga a hacerse cargo de la relación con su hija y afrontar una realidad compleja que lo aleja de su sueño.

Además de provenir de una familia célebre en la historia del cine argentino (ver recuadro) Bo, de 33 años, tiene una larga y reconocida experiencia como director de publicidad, con varios premios internacionales en su haber. Y también tiene experiencia en cine. Hace diez años, Bo conoció al hoy reconocido director Alejandro González Iñárritu cuando le tocó dirigir comerciales en su productora en México. A partir de allí, ambos establecieron una relación que llevaría a que, años después, Bo le enviara el guión de El último Elvis –coescrito con su primo, Nicolás Giacobone- para pedirle al mexicano su opinión. González Iñárritu lo leyó, le gustó y convocó a la dupla para que escribiera el guión de su película Biútiful (2010). Mientras trabajaba en Biútiful, Bo siguió adelante con el proyecto de El último Elvis, que pudo tener de ese modo su tiempo de maduración. “Fue un pantallazo espectacular trabajar con Iñárritu porque vimos un montón de cosas, trabajamos con un equipo de grandes profesionales. Estábamos los dos ahí como guionistas y trabajar tan profundamente nos dio un montón de background y cosas de las que aprendimos que pudimos volcar en Elvis”, cuenta Bo.

A medida que avanzaba el proyecto, Bo tenía cada  vez más claro lo que quería y lo que no. “Fui descubriendo por dónde tenía que ir para ser profunda y dar un punto de vista sobre este tema. La película tenía que ser todo lo opuesto al mundo de los imitadores: no tenía que ser una película bizarra o llena de humor fácil, televisivo, hubiera sido muy obvia. Fuimos descubriendo cómo no hacer el cliché del imitador”, dice Bo. Lo que le interesaba al director era meterse en la cabeza del personaje para tratar de mostrar su punto de vista. “Para mí era muy importante tratar de mostrar algo diferente a lo que se muestra normalmente del imitador, y en ese proceso descubrí que de alguna manera todos somos imitadores de alguien, tomamos cosas o nos inspiramos en otros, agarrando imágenes. Pero son sobre todo cosas superficiales: uno nunca copia un sentimiento o un pensamiento. Para mí la película se transformó en una metáfora sobre eso, una historia sobre alguien que está negando su realidad. A veces uno se puede generar un micro mundo y es lo que le pasa a este personaje: de alguna manera logró ser Elvis en su propia realidad y de repente se le viene el mundo encima, lo cachetea y le dice ‘no, date cuenta quién sos, hacete cargo de tu vida’ y él tiene que lidiar con eso”, señala.

Una vez que el proyecto se puso en marcha, una de las mayores dificultades fue encontrar al actor que pudiera interpretar el papel. “Yo buscaba un actor de primera línea porque la película necesitaba una producción importante, y por una cosa u otra ninguno de los actores pudo o quiso hacerla”, cuenta Bo, que había descubierto el disco de John McInerny en un “Elvis Store” de la calle Florida y lo había contactado para que fuera el coach del actor protagonista. “Pero ante la negativa de todos –señala Bo- decidí hacer una prueba de cámara filmada con él, en diferentes locaciones, a ver qué pasaba. Y el primer momento fue casi mágico: John se sentó en la silla y yo miraba la pantalla y decía ‘soy un idiota, no puedo creer lo que me estaba perdiendo”.

John McInerny, un arquitecto platense de 46 años que lidera la banda tributo Elvis Vive, canta muy bien y sabe muchísimo sobre Elvis, pero nunca en su vida había actuado. Esta película, en la que realmente se luce, es su primer papel. “Para mí –continúa Bo- fue como estar descubriendo algo; veía en la pantalla a alguien que tenía una potencia, la cámara te ama o no te ama, hay gente que es muy linda y le sacás una foto y sale bizco o mal. Natalie Portman en vivo es una chica por la que no das un peso y en la pantalla es impresionante. Con John pasaba lo mismo: en la pantalla y era una cosa impresionante”.

Confirmado John en el papel de Carlos/Elvis, comenzó un intenso trabajo con él Griselda y Margarita que contó con el coaching actoral de Maricel Alvarez, la actriz de Biútiful. “John se mudó a Buenos Aires y ensayamos durante cuatro meses juntos           -cuenta Bo-. John y Margarita no eran actores en ese momento y fue un trabajo muy importante para poner en la misma sintonía a Griselda y a ellos dos, porque Griselda, al tener formación y ser una actriz profesional, necesitaba ponerse en sincro con ellos para que no fueran todos por diferentes lugares”. Además de contar con dos revelaciones actorales, la película de Bo también ofrece un perfil desconocido de Siciliani, que en su primera incursión en el cine se animó a hacer algo totalmente distinto a lo que solía hacer en teatro y en televisión.

En términos de producción, El último Elvis es -como observa Bo- una película chica que parece más grande de lo que es en realidad; algo que se logró básicamente con trabajo y buenas ideas. Las locaciones de la película van del conurbano a Memphis, la ciudad natal de Elvis. La dirección de arte es excelente, con algunas sorpresas que conviene no adelantar. Y la forma en que resolvieron el tema de los derechos de las canciones que canta Carlos/Elvis prueba que a veces las limitaciones pueden ser un incentivo. “Esta película no es apoyada por Elvis Presley Enterprises –cuenta Bo-. A ellos no les interesaba que alguien en Argentina hiciera una película; usan la marca Elvis como Disney. Para nosotros era algo más profundo y de alguna manera nos motivó para hacer nuestro propio camino. Las canciones que se escuchan, ninguna es de Elvis, pero son todas canciones que él cantaba. Nosotros compramos los derechos, las grabamos junto con los músicos en estudio y John las cantaba en escena”, cuenta el director, para el que El último Elvis significó el gran paso de la publicidad al cine. Esa  trayectoria previa se nota tanto en la solidez como en el alto nivel de la película en todos los rubros técnicos. “Aprendí mucho trabajando en cine publicitario y creo que la película tiene ese valor de producción que tiene la publicidad –dice-. Obviamente a la hora de hacer una película era algo totalmente diferente, porque tenía que manejar personajes una historia, estados emotivos, que todo fuera creíble. Fue realmente un desafío dar este paso”.

Recuadro: El abuelo

Además de ser el director de El último Elvis, Armando Bo es nieto del primer Armando Bo, figura célebre y polémica del cine argentino que con los años se ha vuelto de culto. A los ojos del nieto, su abuelo “era un intuitivo, un tipo que iba al frente y hacía lo que quería”. Armando Bo (1914-1981) comenzó su carrera como actor. En 1948 produjo y protagonizó Pelota de trapo, dirigida por Leopoldo Torres Ríos. Y desde 1957 dirigió a la ex Miss Argentina Isabel Sarli en una serie de películas eróticas que han quedado grabadas en la memoria de varias generaciones de argentinos: El trueno entre las hojas (1958), India (1960), La burrerita de Ypacaraí (1962), Carne (1968), Fiebre (1962) y Una viuda descocada (1980). Aunque las películas de la dupla Bo-Sarli eran un gran éxito de público, en aquellos años no lograban escapar a las tijeras de la censura oficial, que prohibía escenas enteras.

Si la película del nieto fue la apertura del Bafici, el abuelo también tuvo su presencia en el Festival de cine independiente porteño que acaba de terminar. En su programación, el Bafici incluyó India, cuya copia estaba literalmente desaparecida y era muy buscada por los coleccionistas. Filmada en Paraguay y Misiones con indios de la tribu Maka como extras, además de mostrar a Sarli como una princesa india con poca ropa, la película es una verdadera curiosidad ya que una gran parte está hablada en guaraní-maka con subtítulos en castellano. A principios de 2009, se encontró una copia en los depósito del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, a partir de la cual se pudo obtener un internegativo y de allí una copia nueva para ser proyectada otra vez en cines. “El hecho de que sus películas hoy cada vez las vean más como arte es importante, hay una relectura y una revalorización –dice el nieto-. En su momento mi abuelo fue muy perseguido, le editaban las películas y él sufría mucho. Era un director casi porno y hoy es un artista al que miran de todos lados, y está bueno eso”.

(Publicado en El Guardián el 26 de abril de 2012)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s