El multirrubro del cine y la TV

Foto: Leandro SánchezEl cine es su lugar en el mundo, y Axel Kuschevatzky se ha acercado a él de todas las formas posibles. Empezó como periodista especializado en cine en gráfica y TV, fundó la revista de cine La cosa, actuó en alguna que otra película y, desde 2004 coconduce el preshow de la entrega de los Oscar del canal TNT, que llega en vivo a 120 millones de espectadores en 40 países. También incursionó en la escritura de guiones para televisión, como adaptador de las sitcoms La niñera y Casados con hijos. Pero una cosa fue llevando a la otra y, en los últimos años, se convirtió en el productor de las películas más taquilleras del cine argentino. Desde 2009, Axel es gerente de producción y desarrollo de cine de Telefe. En concordancia con lo que establece la Ley de medios, el canal apunta a producir unas ocho películas por año, y el trabajo de Axel consiste en encontrar y seleccionar los proyectos a los que se va a asociar el canal y desarrollarlos con los productores, directores y guionistas de cada uno. Más allá de sus actividades, este cinéfilo de 39 años aclara que en realidad nunca dejó de ser periodista: “Es como un modus operandi, una forma de mirar. Yo arranqué así y después derivé en la producción porque siempre me gustó la idea de empujar proyectos, de acompañarlos. Cambia el mecanismo, pero la curiosidad del proceso creativo es una sola. Hay un motor que es muy parecido: admirás el talento de alguien y querés saber cómo lo hace. Y cuando sabés que puede hacer cosas maravillosas, querés estar cerca cuando las haga”.

Como productor general o asociado, tiene en su haber El secreto de sus ojos (2009), de Juan José Campanella, ganadora en 2010 del Oscar a la Mejor Película Extranjera, que en Argentina superó la cifra récord de dos millones y medio de espectadores. También, entre otras, El último Elvis, La suerte en tus manos, Las viudas de los jueves, Un cuento chino, Mi primera boda, y ¡Atraco!, estreno reciente con Guillermo Francella y Nicolás Cabré que arrancó bien en las boleterías. Además, está detrás de varias de las producciones más esperadas.

El 30 de agosto se estrena en Argentina Todos tenemos un plan, la ópera prima de Ana Piterbarg protagonizada nada menos que por Viggo Mortensen y Soledad Villamil. “Si tuviera que atarla a un género, la película es un thriller. Es muy compleja: se filmó toda en el Tigre, con lo cual fue 90% exteriores, hay nenes, perros, todo el quilombo y lo que te dicen que no tenés que hacer”. Si a primera vista la idea de que un actor que conquistó Hollywood protagonice una ópera prima argentina suena rara, la sorpresa es todavía mayor cuando Axel cuenta cómo fue que Piterbarg convenció al fanático de El Ciclón. “Ana se lo cruzó en la pileta de San Lorenzo cuando llevaba a su hijo a la colonia. Le contó que había escrito un guión y que le gustaría que lo leyera. Viggo lo leyó, le dijo que sí, y se convirtió en el ángel guardián de la película. Es de tal complejidad y tan cara, que si no tuviera un actor del peso de Viggo no se hubiera podido hacer.”

El otro gran proyecto en el que trabaja Axel es Metegol, la película de animación de Campanella en la que él, además de productor, es coargumentista junto con Gastón Gorali y Eduardo Sacheri, y que se estrenará el 20 de junio de 2013. Axel la anuncia como una verdadera superproducción con un presupuesto de 12 millones de dólares, concebida desde el principio en 3D. “Es una película de escala muy grande, gigantesca para Argentina pero más barata en relación al costo que tiene un film animado en otro país. Empezamos a trabajar en ese proyecto en 2008, antes de que Juan decidiera filmar El secreto de sus ojos. De hecho, fue el primer proyecto de cine en el que empecé a laburar como productor”, cuenta. El equipo de animación incluye profesionales de todas partes, que han trabajado en los principales estudios del mundo como Pixar, Dreamworks o Weta. “En términos técnicos –señala Axel– está a la altura de la animación de Hollywood, y eso también es una presión: hay que hacer que funcione. Pero la técnica está buena en función del cuento. La gente cree que es una película de fútbol, pero es de aventura y de amor. Es realmente Campanella haciendo una film de animación de autor”.

Cómo lo hace

Los títulos que produce tienen justamente esa cualidad: son productos cinematográficos que apuntan a un público masivo, sin por ello resignar la mirada autoral. Axel explica cuál es el criterio para seleccionar un proyecto: “La búsqueda tiene que ver con películas de género que además representen la mirada de un director. La diversidad es fundamental: películas que tengan capacidad de verse en Argentina pero también en otros países, que tengan un código local pero no necesariamente localista, que no es lo mismo, y esencialmente que sean proyectos con singularidad, con una voz y una mirada propias”. En relación con la diversidad, Axel apunta que, desde El secreto de sus ojos, Telefe produjo películas muy distintas: “Hay muchas óperas primas y segundas películas. La intención es que estén buenas, tirando abajo el prejuicio de que para eso tiene que dirigirla un tipo que vaya por la quinta película. La cuestión es no atarse  un modelo, porque así nos petrificamos”.

Cuando se piensa el cine en tanto industria, uno de los mayores interrogantes es dilucidar qué quiere el público. “Yo no tengo la menor idea; si lo supiera, me llamaría Steven Spielberg y esta charla sería en Beverly Hills. Pero no, no sé lo que el público quiere”, admite y amplía: “Lo que sí creo es que no tenemos que dejar de pensar en quién está del otro lado, que en cada caso es diferente, porque cada película nace distinta. No a todas las películas les pedís lo mismo. Sí la misma sensación de satisfacción cuando termina, pero no el mismo nivel de lectura ni la misma complejidad ni el mismo eco emocional”.

El hecho es que el cine argentino tiene una producción cuantiosa (el año pasado se hicieron unas 150 películas), pero son pocas las que logran buenas cifras en la taquilla, y esos resultados han instalado en ciertos sectores el mito de que al público no le interesa el cine local. Pero las cosas no son tan simples. Axel observa: “La película más vista en Argentina en 2009 fue El secreto… Eso no establece un contraejemplo, pero tampoco la resistencia del público es total”. El productor tiene su propia hipótesis sobre lo que sucede: “Tenemos un problema: estamos expuestos al 100% del cine local y con ninguna otra cinematografía pasa eso, con lo cual perdemos la perspectiva. Probablemente la mayor parte de las películas que se hacen en otros países también son malas, pero no llegan o las ves de rebote en DVD o cable. Me parece que la experiencia del espectador en relación a la marca ‘cine argentino’ tiene un poco que ver con eso”.

Axel señala que otro problema es comparar la performance de films para adultos con la de películas infantiles como, por ejemplo, La era del hielo 4, que ya superó los cuatro millones de tickets. “No podés comparar porque la forma de consumo es diferente. Los chicos las ven con los abuelos, con los padres. Tienen un nivel de repetición de consumo muy alto, y eso con una para adultos no pasa. Y el cine argentino hace películas para un público de 35 años para arriba.”

Es justamente por eso que el cine nacional tiene elementos de protección como subsidios, cuota de pantalla o una media de continuidad, agrega Axel, tal como sucede en otros países que pretenden tener una estructura de producción propia, como Francia, España o Italia. Responsable de varios grandes éxitos locales que ostentan un alto estándar de calidad, el productor propone una teoría sobre el cine en tanto arte y negocio. “La gran fortaleza y el gran trauma del cine es que es una industria cultural. Tiene un conflicto en su base: tiene que representar una cultura y, al mismo tiempo, tener elementos industriales. Para mí, esa tensión es la que hace buenas películas. Cuando esa tensión no existe, la creatividad se diluye. Esa es mi mirada: hacer un producto representativo, con una mirada propia y que al mismo tiempo llegue a mucha gente, entre otras cosas porque es carísimo lograrlo.”

(Publicado en El Guardián el 9 de agosto de 2012)

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