El boom del cine coreano

Super VirginEn la última década, el cine de Corea del Sur se convirtió en la envidia de las cinematografías del mundo que no son Hollywood, que es lo mismo que decir de casi todas. Un verdadero fenómeno que en pocos años logró cosechar un importante éxito comercial en su país e instalar varios nombres a nivel mundial con obras de gran calidad artística. En las últimas semanas, y en el marco del 50 aniversario de las relaciones diplomáticas entre Corea del Sur y Argentina, el cine coreano tuvo un amplio protagonismo en los principales eventos cinematográficos del país. Fue uno de los hitos de la última edición del Festival de Cine de Mar del Plata, donde el foco Postales del Sur estuvo dedicado a primeras y segundas películas de allí, y dio el presente con una amplia comitiva. Además se firmó un acuerdo de cooperación entre el INCAA y el KOFIC (el Concejo Coreano de Cine), y unos días después hubo una presentación oficial del KOFIC en Ventana Sur, el mercado que organiza el INCAA con el Marché du Film de Cannes.

El exitoso modelo coreano que todos quieren imitar comenzó a gestarse en los años 90, con la aparición de una nueva generación de directores que salió de las escuelas de cine (que hoy ya suman más de cien). Desde entonces el crecimiento fue enorme, y hoy el cine coreano se ha ganado un lugar preferencial en el mundo, de la mano de autores como Hong Sang-soo o Kim Ki-duk y de cineastas más comerciales como Park Chan-wook, Kim Ji-woon y Bong-jong ho. Pero aunque acumula premios, lo más llamativo de todo son los números del mercado cinematográfico coreano.

Con 50 millones de habitantes (cifra bastante cercana a la población argentina, que abre la puerta a las comparaciones), en Corea del Sur hay dos mil cines que proyectan películas desde las ocho de la mañana hasta las dos de la madrugada, y se producen alrededor de 150 películas por año. En su país, las películas coreanas compiten con las superproducciones de Hollywood y, a diferencia de lo que pasa en otras partes, suelen ganar. “En 2011 tuvimos un 53% de cuota de mercado, pero este años estamos casi en el 60%”, contó el presidente del KOFIC, Kim Eui-Suk en el Festival. Esto significa que, de cada diez películas que el público elije ver, seis son coreanas (para darse una idea, hasta octubre de este año, el cine argentino había logrado una cuota de mercado del 10%).

La experiencia de Marcelo Alderete, programador del festival de Mar del Plata que a mediados de año pasó casi un mes allí para armar el foco coreano y además oficiar de jurado en el Puchon International Film Festival, confirma las cifras. “Cuando estaba allá, vi cómo en la fecha en que se estrenó Batman: el caballero de la noche asciende, la película coreana The thieves le sacaba las salas. Lo que pasa acá con las películas de Hollywood, pero al revés. Vi The thieves a las 10 de la mañana en el IMAX y la función estaba llena; pudimos entrar porque una persona del KOFIC logró conseguir entradas, pero estaban agotadas por un mes”, cuenta Alderete. The thieves se convirtió en la más taquillera de todo el cine coreano, al superar el récord de diez millones de espectadores de The host. Diez millones de espectadores en un país de cincuenta es una cifra descomunal. En Argentina, la película más taquillera de los últimos años –El secreto de sus ojos- sumó “apenas” 2,5 millones.

Semejante fenómeno no pasó desapercibido para el líder global de la industria. En 2007, por la presión norteamericana, las autoridades coreanas tuvieron que reducir la cuota de pantalla –la obligación de las salas de exhibir cine coreano- de 143 días anuales a 73. Pero el cambio no afectó a una cinematografía que, a esa altura, ya estaba consolidada y contaba con el apoyo del público. Por eso hoy los complejos le dan mucho más espacio a los estrenos coreanos que los 73 días que establece la ley, contó el presidente del KOFIC.

Hollywood no sólo detectó el fenómeno; también se ocupó de captar a las principales figuras. Cineastas como Park Chan-wook y Kim Ji-woon ya están integrados a la industria y sus últimas películas tienen producción norteamericana e incluyen superestrellas de la talla de Nicole Kidman o Arnold Scwarzzenegger. “El cine coreano es un cine comercial de calidad. Tal vez sea en parte por nuestra mirada occidental, pero las películas son mucho más novedosas que los blockbusters norteamericanos, desde la actuación hasta la forma cinematográfica. Y los norteamericanos se dan cuenta de que los directores coreanos tienen un plus, algo que ellos ya perdieron”, observa Alderete.

De este lado del mundo

Hasta ahora, la relación del cine argentino con el coreano no era demasiado fluida. Acá se vieron algunas películas coreanas, sobre todo en festivales, y se estrenaron unas pocas, como Old boy, The host y varias de Kim Ki Duk, pero no mucho más. Tal vez a partir de ahora eso empiece a cambiar. O al menos esa fue la idea de la visita del KOFIC al país. “El cine coreano desea acercarse al público latinoamericano y se encuentra a la espera de oportunidades para cooperar con los brillantes cineastas de la región. Espero que el foco sea el inicio de una nueva etapa entre nuestros países mediante coproducciones, muestras bilaterales y otros tipos de intercambio”, señaló Kim Eui-Suk en el catálogo que el KOFIC editó para el festival. Y ése fue justamente el objetivo del acuerdo de cooperación que firmó con la presidenta del INCAA, Liliana Mazure, por el cual en los festivales organizados por los dos países se expondrán películas realizadas por el otro y habrá colaboración entre ambos para facilitar la exhibición. “Este convenio con el KOFIC seguramente abrirá nuevas puertas para que se siga conociendo nuestro cine y a nuestros realizadores en el mundo, e incentivar las coproducciones, señaló Mazure.

Además de algunas coproducciones de películas de Pablo Trapero y Marcos Carnevale y las nuevas que puedan surgir de aquí en más –en Ventana Sur hubo una reunión entre una importante distribuidora coreana, una directora y una productora argentina para hablar de sus nuevos proyectos-, hay un dato de lo más curioso sobre la relación del cine coreano y argentino. Este año, se estrenó en Corea con buenos resultados una remake de Un novio para mi mujer, que en inglés se conoció como All about my wife. Habrá que ver si, luego de la visita del KOFIC, el cine nacional puede aprender algo más del exitoso modelo coreano.

(Una versión más corta de esta nota se publicó en la revista El Guardián el 13 de diciembre de 2012)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s