El lugar de las series en la cultura contemporánea

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Ahora que son tantas y atraen a prestigiosos directores de cine además de espectadores, las series de televisión tienen espacio en los festivales internacionales. Pero no sólo las norteamericanas, en el Festival de Rotterdam hubo producciones de América latina y Europa del Este. La tele ya no es lo que era, el cine tampoco.

La frase, repetida hasta el cansancio pero no por ello menos cierta, señala que en la última década la mejor ficción norteamericana se mudó de las salas de cine a la televisión. Mientras que el cine de Hollywood cada vez toma menos riesgos, la televisión, sobre todo por cable, se convirtió en un espacio para la innovación. A esa primera afirmación le sigue otra: si el cine es el paraíso de los directores, la televisión es el de los guionistas. Y es cierto, porque en las grandes series de la última década como The Wire o Mad Men, las figuras centrales son los guionistas/creadores (como David Simon y Matthew Weiner), que se han ganado con justicia el rótulo de autores. Ese barniz de prestigio es herencia de la teoría cinematográfica: en los años cincuenta, los críticos de la revista Cahiers du Cinéma impulsaron la política de los autores y fue a partir de entonces que los directores empezaron a ser considerados artistas, dueños de un estilo propio y reconocible.

Si en la última década el lugar de la autoría en la tele se asoció al guionista/creador, ahora hay cada vez más directores de cine que se vuelcan a la pantalla chica para producir series tan personales como sus películas. Esta tendencia tiene sus antecedentes: Rainer Werner Fassbinder y David Lynch crearon hace tiempo series de televisión como Berlin Alexanderplatz Twin Peaks. Pero ahora que son tantas, estas series también empiezan a ocupar un lugar en los festivales, espacios de prestigio tradicionalmente asociados al cine. Una de las secciones paralelas del reciente Festival de Rotterdam –especialista en descubrir nuevos talentos en el cine experimental y de autor– fue Changing Channels, dedicada a la televisión. No es la primera ni única vez que la TV llega a un festival de primera línea: en 2010 Cannes proyectó la miniserie Carlos, de Oliver Assayas, y este año se pudo ver la serie de Jane Campion Top of the Lake en Sundance y Berlín. Pero la decisión de dedicarle a la televisión una sección entera –con catorce títulos entre series y webseries–, es toda una novedad que da una idea del lugar de las series en la cultura contemporánea. 

 

Televisión de autor 

En un momento en que el público consume mucho material audiovisual en pantallas hogareñas, la televisión aparece como una alternativa tentadora para los directores de cine porque ofrece ventajas económicas, más libertades creativas y la posibilidad de experimentar con arcos narrativos más extensos y personajes complejos. “Cada vez hay más directores de cine que también son los creadores/guionistas de las series. Por eso me interesaba ver cómo se entrecruzan hoy el cine y la televisión y cuánto hay de autoral en estas series”, señala la programadora de la muestra de Rotterdam, Inge de Leew. En la búsqueda de material para el festival, De Leew encontró que este fenómeno no se limita a la producción norteamericana: “En América Latina y Europa del Este, las filiales locales de HBO contrataron directores como Pablo Larraín y Agnieszka Holland para desarrollar proyectos”. La programación de Changing Channels incluyó series de estos directores así como de los japoneses Kore-eda Hirokazu y Kurosawa Kiyoshi, entre otros.

Basada en una historia real, Burning Bush es una miniserie en tres partes de la directora polaca Agnieszka Holland. Cuenta la historia de Jan Palach, el estudiante checoslovaco que en 1969 se prendió fuego a sí mismo para protestar contra la ocupación soviética y se convirtió en símbolo de la resistencia. La miniserie tuvo su premiere internacional en Rotterdam, pero todavía no está confirmado cuando se emitirá en Argentina.

Going Home es la primera serie para televisión de Kore-eda Hirokazu             -director de películas como Maborosi y After Life, que estuvo en el festival y participó de una charla sobre televisión junto con otros creadores. La serie cuenta la historia de un publicista y su familia. Cuando su padre se enferma, el protagonista viaja al pueblo donde nació para verlo, y a partir de allí toda su vida familiar se verá afectada. “En sus filmes, Kore-eda se ocupa de las relaciones familiares con un ritmo lento y mucha atención a los detalles, y eso también está en Going Home”, observa De Leew. Por ahora, la serie sólo se estrenó en la televisión japonesa.

Prófugos, del chileno Pablo Larraín –cuya película No fue candidata al Oscar a mejor película extranjera y apertura del próximo Bafici–, cuenta la historia de un grupo de narcotraficantes que tiene que transportar un cargamento de cocaína desde Bolivia hasta el puerto de Iquique. La operación falla y se desata entonces una larga persecución por todo el territorio chileno para escapar tanto de la mafia como de la policía. Filmada como las mejores películas de acción, Prófugos narra una historia violenta con múltiples referencias a la historia política de Chile, como sucede en otros trabajos de Larraín. “Las series seleccionadas integran la obra artística de estos directores tanto como cualquiera de sus películas”, señala De Leew. La primera temporada de la serie se emitió el año pasado en Argentina, y la segunda se estrenará este año pero todavía no está confirmada la fecha.

Durante el festival, estas y otras series se proyectaron en sesiones maratónicas en los cines. La idea fue trasladar a las salas el difundido hábito de ver las series de un tirón y ya no de a un capítulo por vez. En el caso de Prófugos, se proyectaron a sala llena dos capítulos y, salvo por la breve interrupción entre uno y otro, si alguien hubiera entrado en la sala en medio de la función, no habría podido distinguir si se trataba de una película o de una serie.

 

¿No es televisión? 

La muestra de Rotterdam no se limitó a las series producidas para emitir por cable; también incluyó contenidos producidos específicamente para Internet. Desde 2006, el desarrollo tecnológico convirtió el streaming en una opción atractiva para ver contenidos sin tener que descargarlos, y a partir de ello florecieron las webseries realizadas de manera independiente para exhibir online.

“Por su pequeña escala, las webseries permiten a cineastas novatos adquirir experiencia. En Estados Unidos hay muchos directores jóvenes que, gracias a las webseries, llegan a filmar su primera película o cuyos trabajos para la web son seleccionados por los estudios. Hay una especie de convergencia entre el cine y la series web”, señala De Leew. La programadora agrega que, aunque el fenómeno es sobre todo norteamericano, cada vez hay más webseries de otras partes, como la comedia satírica mexicana Los micro burgueses, exhibida en el festival. Pero Rotterdam no sólo incluyó estos nuevos formatos en la programación; también intentó dar cuenta de las distintas formas de verlos. Por eso, además de las maratones en los cines, en el hall de una de las salas se montó un Web Lounge acondicionado con sillones, monitores y auriculares para que el público pudiera sentarse a ver webseries en continuado.

Hace poco, comenzó una nueva etapa en relación a las series web. De Leew menciona como ejemplo House of Cards. El 1 de febrero, Netflix lanzó en todo el mundo la primera temporada de la serie, producida por esa plataforma para emitir exclusivamente online. Que ese día estuvieran a disposición todos los capítulos de la temporada es una clara respuesta al cambio de hábito de los espectadores. “Y en eso también las series se empiezan a parecer a las películas, ya no hay que esperar hasta el episodio siguiente”, observa.

 
También las cadenas de televisión tomaron nota del nuevo contexto y miran atentas a la web para descubrir talentos. “Ahora no solo los canales online sino también los tradicionales empezaron a producir programas originales para la web. AMC ya hizo su primera webserie,The Trivial Pursuits of Arthur Banks, y Sebastián Silva (el chileno que acaba de ganar el premio como mejor director en el festival de Sundance por la película Crystal Fairy) dirigió The Boring Life of Jacqueline para HBO Digitals. De esta forma, frente a la competencia de las plataformas online como Netflix y Hulu, las cadenas tratan de mantener su posición no solo en la tele sino también en la web”, señala De Leew, que también incluyó estas webseries en la sección Changing Channels.

The Boring Life of Jacqueline es una buena comedia en diez capítulos de quince minutos cada uno sobre una joven aspirante a actriz que no trabaja y vive sola en un pequeño departamento en Nueva York. Jacqueline se levanta a cualquier hora, se aburre, vive amores platónicos, tuitea y busca desesperada algo que le de un poco de sentido a su vida. Los primeros episodios, que transcurren casi enteramente en su departamento, se parecen más a una película indie que a un típico programa de televisión. Todavía no está confirmado cuándo se podrá ver esta webserie en Argentina. 

Hace quince años, hubiera sido difícil imaginar que un día habría una sección dedicada a la televisión en un festival como Rotterdam. Pero la tele ya no es lo que era, el cine tampoco y la brecha entre ambos es cada vez más corta. Signo de época, las series seleccionadas en el festival tienen el mismo estatus autoral que las películas. La única gran diferencia radica en que las series se producen en un marco industrial, mientras que las películas de autor se hacen de manera independiente. Pero la posibilidad de que un autor desarrolle una obra absolutamente personal en un medio industrial como la tele no debería sorprender. Después de todo, la idea del director como autor, que ha marcado a fuego la teoría y la crítica de cine moderna, fue acuñada por los franceses para reivindicar el trabajo de grandes directores como Howard Hawks, Alfred Hitchcock o John Ford, a los que la crítica de entonces despreciaba por considerarlos, precisamente, artesanos al servicio de la industria.

(Publicado en Ñ el 28 de febrero de 2013)

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