Todo sobre el BAFICI (Entrevista a Marcelo Panozzo)

ImagenEste no es un año cualquiera para el Bafici. El Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, el más importante de América Latina, llega a los 15 años con nuevo director, nueva sede principal, cambios en la arquitectura de la programación y una abrumadora cantidad de películas –470 entre cortos y largometrajes– imposible de abarcar en apenas 12 días.

Siempre empeñado en que el público pueda ver más cine, en estos 15 años el festival atravesó y resistió los cambios de gestión política en la Ciudad, creció en cantidad de films y de espectadores y se consolidó como plataforma de lanzamiento del cine nacional en el mundo, convirtiéndose en la cita obligada de la cinefilia local.

El Guardián conversó con el periodista y editor Marcelo Panozzo, flamante director artístico del festival, sobre esta nueva edición que entre el miércoles 10 y el domingo 21 permitirá descubrir, una vez más, esas películas que durante el resto del año no llegan a la cartelera comercial, cada vez más concentrada. 

–Vos ya habías trabajado antes en el Bafici. ¿Qué significó que te nombraran director y en qué consiste tu rol?

–Fui programador cuatro años con Quintín y dos de los cinco años de (Sergio) Wolf, y con (Fernando Martín) Peña trabajé haciendo el diario y algunas cosas más. Los equipos en los que trabajé eran muy de discutir sobre cine, eso es lo que más me gustó siempre. Sé que como director hay un montón de cosas que dependen de mí, pero me gusta mucho trabajar en equipo, con los programadores y con las distintas áreas. En términos del día a día del trabajo, tendría que ser un salto pasar a la dirección, pero la verdad es que me siento tan parte del festival que en algún punto es una continuidad, como retomar esa tarea que había dejado un par de años atrás.

–¿Qué lugar ocupa este festival en el circuito de los internacionales?

–Hay un interés enorme. Hay muchos directores que tienen películas en el festival y que no habían sido invitados porque no estaban en competencia o por lo que fuera, y que deciden venir igual y pagarse sus pasajes. Y hay que reconocer que parte de eso tiene que ver con la interacción muy fuerte que hubo de entrada entre este encuentro y el cine argentino. Los críticos y programadores saben que la plataforma de lanzamiento de un montón de cine argentino nuevo es ésta y vienen a buscarlo acá. Ahí es donde el Bafici se armó su lugar en el calendario y sigue siendo tan potente.

–¿Cómo se celebrarán los 15 años?

–Quisimos mirar atrás, porque 15 años es una trayectoria, un legado, y había que honrarlo de alguna manera. Por un lado decidimos que los ex directores del festival empezaran a ser jurados de la competencia internacional. Este año empieza (Andrés) Di Tella, el año que viene será Quintín, después Peña, Wolf. Por otro lado, buscamos un director que hubiese estado siempre en el Bafici, y decidimos hacer la retrospectiva de Hong Sang-Soo, que es un preferido del público. Y por último, el cine argentino. Nos parecía que había que ver cuáles eran las 15 películas argentinas más poderosas que pasaron por el Bafici y le encomendamos la selección a Fipresci, que es una asociación de críticos súper prestigiosa.

¿Cuáles son los principales cambios de esta edición?

Hasta el año pasado, el catálogo estaba un poco atomizado en muchas secciones chiquitas, y nos pareció que eso confundía un poco y que estaba bueno tener bloques más grandes. El Panorama son un montón de películas juntas, y hay retrospectivas más grandes en lugar de focos pequeñitos. Y lo que también hicimos fue empujar bien al centro de la escena, a través de la competencia nueva Vanguardia y Género, esos dos extremos que son súper importantes para los festivales que son las películas experimentales y de género. El género a veces está destinado a la trasnoche o a la bizarreada, y el experimental tiene ese tufillo un poco museístico. La idea fue jerarquizarlos, ponerlos juntos en una competencia a ver cómo funciona, y yo estoy muy contento. Creo que Vanguardia y Género es un lugar donde tomarle el pulso al cine más libre de estos tiempos. 

–¿Por qué este año decidieron mudar la sede principal del Hoyts Abasto al Village Recoleta?

–Creo que el Village tiene más puntos de contacto con el festival que Hoyts, porque muchas semanas del cine de distintos países se hacen acá. Cuando hay películas como las de (Werner) Herzog o (Wim) Wenders en 3D es muy difícil que otro complejo les de pantalla, pero acá sí y tienen éxito. Es un complejo más afín a nuestra propuesta artística, y tener el Centro Cultural Recoleta para todas las actividades extras es espectacular. Por fin tenemos una sede divina y cómoda y dejamos de alquilar salas.

–¿Cuál es el presupuesto del festival?

–No tengo la cifra final porque está el monto que pone el Ministerio de Cultura y están los aportes privados, pero este año hubo un aumento de un poco más del 20% respecto del año pasado. La verdad es que no encontré una situación presupuestaria particularmente complicada, pudimos hacer todo lo que queríamos.

–¿Cuál es la importancia del Bafici en relación a lo que pasa en la cartelera el resto del año?

–Hay una cosa que el Bafici ha empezado a pensar en los últimos dos años pero que ahora es más seria, y es cómo se hace para que un festival físico siga teniendo relevancia frente al crecimiento de los contenidos distribuidos en internet. Si te podés armar el festival en tu casa, ¿por qué habrías de ir? Si dejamos las charlas, el ambiente, la experiencia del festival de lado, que no es fácil pero se puede hacer el ejercicio, ¿cómo seguís tentando al cinéfilo cuando puede tener contenidos en su casa? La idea de tener retrospectivas muy grandes como la de Bressane tiene que ver con eso, porque por ahí te podés hacer un miniciclo con dos o tres películas suyas, pero las 17  no las vas a encontrar nunca. O las películas de (Adolfo) Aristarain, que son muy difíciles de conseguir y mucho menos en buenas copias; esos son valores agregados. Tenemos que pensar cómo hacer para generar diversidad el resto del año, en la cartelera y en las computadoras particulares.

–¿Hay algo definido en este sentido?

–Todavía no lo tengo claro, pero vamos a empezar a tener reuniones para ver cómo estrenar películas On Demand a partir del Bafici o que el Bafici juegue el resto del año como distribuidor, estrenando películas con el sello Bafici estrena, porque está claro que a los distribuidores no les termina de cerrar, y creo que no se les puede seguir echando la culpa. Por ahí los festivales tienen que aportar su granito de arena para que la cartelera sea más plural el resto del año e intervenir en la distribución, porque en estos días y en el resto del año el motivo de existencia del Bafici sigue siendo tratar de que se vea más cine.

–Es curioso que se agotan muchas funciones, pero el resto del año pareciera que no hay público para esas mismas películas.

–Es raro eso, un gran misterio que develaremos tratando de estrenar películas. El año pasado tuvimos una primera experiencia de hacer un satélite del Bafici por fuera, que fue el festival de animación que programamos para las vacaciones de invierno. Fue modesto: hubo 20 funciones y agotamos 18. Sentimos que el público, ante el Bafici como sello, volvió a responder, y por eso nos preguntamos si no tendremos que impulsar películas el resto del año. Porque el público evidentemente está, pero por ahí hay algo que no termina de empujarlo hacia las salas. Ojalá podamos ayudar en ese sentido.

–Con tanto para ver, ¿cuáles son tus recomendaciones?

–Las competencias quedaron muy poderosas: la internacional por los descubrimientos, Vanguardia y Género por la mezcla y la Argentina por la foto que saca al momento del cine argentino. Yo soy súper fan de Júlio Bressane, este director brasileño que empezó en los 60, que es un cineasta de una sofisticación, un barroquismo, una inteligencia deslumbrantes. También me gustan mucho las dos retrospectivas de Chile, que es el país invitado, porque son súper distintas: Ignacio Agüero es un maestro del documental latinoamericano. Y en el otro extremo un pibe joven, Ernesto Díaz, que hace películas de género, de karatecas, de superhéroes.

–El tema de la independencia marca al Bafici incluso desde el nombre. ¿Qué es para vos el cine independiente?

–Es algo que siempre me pregunto. En un primer momento nació como un cine independiente desde lo económico, pero con el correr del tiempo ese cine empezó a depender de fondos públicos, a moldear sus proyectos a la medida de esas ayudas, sabiendo que si incluía determinadas cosas en una trama iba a ser más fácil conseguir la plata, y terminó siendo un cine igual de falso que el que se atacaba. Y, a la vez, me da la impresión de que grandes directores de Hollywood son la quintaesencia de la independencia mental: hacen la película que quieren hacer. Ahora no está definido sólo por lo económico; me parece que la independencia tiene muchísimo más que ver con la libertad, con poder plasmar algo de la manera más parecida a la idea original del creador.

 (Publicado en El Guardián el 11 de abril de 2013)

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